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ENSAYO
     

 

 

SAN PABLO TEOPAN: PERVIVENCIA Y METAMORFOSIS VIRREINAL DE UNA PARCIALIDAD INDÍGENA DE LA CIUDAD DE MÉXICO

ROSSEND ROVIRA MORGADO

 

Introducción

Es bien sabido que tras la caída final de Tenochtitlan-Tlatelolco en 1521 y la consiguiente implementación de la “traza española” a partir de 1524 los mexicah padecieron profundos procesos de obliteración y de desplazamiento forzoso hacia los barrios periféricos al baluarte residencial de los conquistadores (López de Gómara 2003 [1552]: 346-347, Cervantes de Salazar 2001 [1554], Díaz del Castillo 2003 [1575], Toussaint [introd.] 1956, Gibson 1980: 377, Mier Terán Rocha 2005). Sin lugar a dudas, las parcialidades indígenas de la recién fundada San Juan Tenochtitlan recogieron la herencia urbanística e institucional legada por la ciudad prehispánica, adecuándola claramente a las nuevas relaciones de poder y tendencias sociales que la cabecera del Virreinato novohispano generó1 . Los centros neurálgicos de San Juan Moyotlan, Santa María la Redonda Cuepopan, San Sebastián Atzacualco y San Pablo Teopan albergaron primigenias parroquias cristianas desde la temprana fecha de 1525. Desde ese preciso momento, Fray Pedro de Gante comisionó la construcción de dichos prístinos espacios de culto católico a las principales autoridades indígenas y vinculó su jurisdicción en calidad de “visitas” a la iglesia franciscana de San José de los Naturales (Gibson 1980: 380-381) . De este modo, la rápida edificación de estas parroquias sustituyó de manera fulminante los antiguos centros ceremoniales que habían presidido cada una de estas parcialidades:

“… en aquellos cuatro barrios, como en cabeceras que eran de México, solían tener ellos en tiempos de su infidelidad los principales templos de sus ídolos…
(Códice Franciscano 1941 [1569]: 6).

Sin embargo y más allá de este primer ensayo de evangelización urbana, la estructura formal y organizativa de los barrios indígenas no sufrió modificaciones substanciales hasta mediados del siglo XVIII a raíz de las Reformas Borbónicas (Valero Gutiérrez García de Lascuráin 1998: 77 y ss., Alcántara 2008). La población nahua de la Ciudad de México se estructuró en la llamada “República de Yndios” y continuó su devenir diario enfrascada en las tradicionales demarcaciones vecinales, interactuando en un amplio espectro de actividades con el resto de habitantes de la capital novohispana. De este modo, la utopía segregacionista del alarife Alonso García Bravo se acabó convirtiendo en una imagen evanescente de lo que pudo llegar a ser; el límite jurídico que suponían las calles que delimitaban los dos mundos urbanos de la Ciudad de México no fue más que una frontera conceptual fácilmente franqueable. El presente ensayo realiza una síntesis diacrónica de la evolución urbanística, social y administrativa acontecida en la parcialidad tenochca de San Pablo Teopan desde el umbral de la Conquista hasta el Virreinato tardío (1502-1790). Mediante un enfoque basado en la antropología histórica, se establece un necesario diálogo inter-disciplinar entre la arqueología, la historia, la sociología y la geografía urbana para entender la continuidad y transformación a través del tiempo de este importante espacio urbano de la Ciudad de México.

Paisaje urbano y barrios en San Pablo Teopan

La parcialidad o distrito urbano de San Pablo se localiza en la sección centro-oriental de la actual delegación Cuauhtemoc del Distrito Federal. En la época prehispánica y virreinal ocupó el cuadrante sur-este de la Ciudad de México. Hoy en día sus límites se corresponden con la Plaza de la Constitución al norte, San Lázaro hacia el este, la Calzada de Chabacano por el sur y la Calzada de San Antonio Abad al oeste. En consecuencia, ocupó una vasta superficie de la actual ciudad capitalina (3,35 km²), cuya plena urbanización, sin embargo, se vio claramente obstaculizada ya durante la época de auge de los mexicah (ss. XV-XVI) y hasta bien entrado el siglo XVIII. El exhaustivo análisis textual y pictográfico de fuentes documentales de archivo datadas del siglo XVI permitió afirmar al etnohistoriador norte-americano Edward E. Calnek (1972: 112- 113, 1974: 48, 53) que en San Pablo Teopan se logró la mayor concentración de chinampas en el seno de Tenochtitlan-Tlatelolco. La superficie de estos espacios destinados a la horticultura doméstica pudo llegar fácilmente a los 4,000 ó 5,000 m². en el área más meridional. Así pues, las fuentes históricas certifican de manera preliminar un paisaje constituido por enormes extensiones de huertos chinamperos en la zona de San Pablo para el siglo XVI. No obstante, un profundo análisis de las condiciones edáficas y ecológicas presentes en la antigua isla de Tenochtitlan-Tlatelolco aporta mayores datos acerca de la escasa urbanización acontecida en esta misma sección insular (Fig.1).


Figura 1. Características edáficas y ecológicas presentes en la isla de Tenochtitlan-Tlatelolco. (Fuente: R. Rovira, en base a datos presentes en Calnek 1972, 1976; González Aparicio 1980, Reyes García et al. [eds.] 1996, Filsinger 2005, Sánchez Vázquez et al. 2007)


Cabe recordar que la parcialidad de San Pablo fue conocida durante el Horizonte Posclásico Tardío indistintamente con los nombres de Teopan (nah. “templo”, “lugar sagrado y divino”), Zoquipan (nah. “lugar de lodo”) o Xochimilcan (nah. “tierra de los jardines de flores”). Las dos últimas denominaciones aludían tanto al sustrato lacustre característico de la zona como a la imagen metafórica con la que se hacía referencia a las extensas superficies cubiertas por chinampas. En este sentido, Sandra Lombardo de Ruiz (1973: 114) recoge el dato que Fray Agustín de Vetancurt aporta cuando menciona que tres barrios de San Pablo albergaban residentes procedentes de la localidad sureña de Xochimilco, hecho que sugiere que la última referencia toponímica podría haber señalado la filiación étnica de ciertos vecinos 3 . Sin embargo, tan sólo cerca del 15% de la superficie habitable de la parcialidad estuvo constituido por terraplenes, plataformas y apisonados cimentados por pilotajes que proporcionaban basculación y flotabilidad a las estructuras arquitectónicas mediante la proyección de la presión ejercida hacia el estrato geológico de bentonita. Se ha documentado la existencia de estos complejos sistemas constructivos durante diferentes intervenciones de salvamento y rescate arqueológico en predios colindantes a la calle Topacio y Calzada de San Antonio Abad (Sánchez Vázquez et al. 2007: 159-162). Resulta altamente probable que también hayan constituido importantes componentes estructurales de los edificios del recinto ceremonial del Tocititlan, parcialmente rescatado en la estación de metro Pino Suárez (González Rul 1963). Del mismo modo, aunque no disponemos de datos arqueológicos relativos a los predios colindantes a la plaza y parroquia de San Pablo, indudablemente dicha zona constituyó el corazón institucional de esta parcialidad en la época prehispánica tardía. Albergó importantes espacios como el templo de Huitznahuac, edificios administrativos, un mercado y residencias señoriales (Tezozomoc 2001 [1598]: 304, García Cubas 1892: 33, Caso 1956: 22, Calnek 1976: 296). En consecuencia, la urbanización de la parcialidad de San Pablo Teopan quedó fuertemente restringida durante la época prehispánica tardía a un núcleo que comprendía las actuales zonas de la Plaza del Tlaxcoque, Pino Suárez y la parroquia, plaza y colegio de San Pablo. De manera adicional, incluyó los barrios que se dispusieron alrededor del recinto del Templo Mayor y que desaparecieron con la “traza española” en 1524 4 . La ausencia de fuentes propias de abastecimiento de agua potable (o pozos artesianos), de recursos naturales importantes y la existencia de un elevado de grado de salinidad en el agua lacustre colindante limitaron la concentración demográfica en esta zona de Tenochtitlan. La mayoría de su población residió de manera diseminada y dispersa en extensos barrios chinamperos (Fig.2).

Figura 2. Alzado axonométrico de una residencia indígena prototípica de San Pablo Teopan en el tlaxilacalli chinampero de Tlachcu(i)titlan hacia 1564. (Fuente: R. Rovira, en base a la planta pictográfica recogida en AGN, Tierras, 1564, vol. 55, exp. 5: f. 16r. [Autos seguidos por Pablo Macuex contra Ana Xoco yndios del barrio de San Pablo sobre unas casas y tierras])

Así pues, los tlaxilacaltin 5 o barrios más urbanizados de Teopan se hallaron en estrecha contigüidad espacial con el baluarte y puente de Xoloco (González Aparicio 1980), la calzada de Iztapalapa y el centro neurálgico de la propia parcialidad, localizado en la vecindad del santuario de Huitznahuac (Fig. 3). Desde la década de 1560 disponemos de varios documentos privados y con carácter público donde se atestigua que el barrio central de la parcialidad de San Pablo Teopan era reconocido con el nombre de Teocaltitlan (nah. “cerca del templo”). Un pleito inédito fechado de 1561 acontecido entre María Tlaco Yehual y el alcalde indígena Luis de Paz por la propiedad de un camellón doméstico de modestas dimensiones en dicha parcialidad probablemente sea la fuente documental más temprana que tengamos con referencia a este importante tlaxilacalli, puesto que éste no aparece registrado en el catálogo vecinal de Alfonso Caso (1956). En la resolución final del litigio se esclarece:


“en la cibdad de mexico a treinta dias del mes de mayo de mil quinientos sesenta un años visto por el señor do[c]tor joan de villalobos oidor por su majestad desta rreal audiencia lo pedido por la parte de maria tlaco yehual de la parte de san pablo contra don luys de paz yndio alcalde de la parte de san juan sobre cierto camellon de tierra que le pide a la parte de san pablo junto a una acequia en la parte [que] se nombra teucaltitlan que por el solia pasar un camino”. 6


Teocaltitlan aparece nuevamente mencionado en un documento de 1564 concerniente a las gestiones de venta de un inmueble en San Juan Tlachcuac, propiedad de los aristócratas indígenas Doña María de Don Diego y Don Pedro Dionisio, matrimonio que residía en este mismo tlaxilacalli de San Pablo (Reyes García et al. [eds.] 1996: 110). Por otra parte, el llamado Libro de Tributos de San Pablo Teocaltitlan (BNP, F. Mex., 376) aporta una inestimable fuente de información suplementaria para entender el funcionamiento administrativo y catastral de este barrio indígena hacia 1574.

Asimismo, el tlaxilacalli de Tozanitlan se ubicó al oriente de la plaza de San Pablo. Se trató de una jurisdicción vecinal mencionada en un litigio por la propiedad de unos inmuebles acontecido entre la familia noble de los Tapia y las autoridades indígenas del cabildo de San Juan Tenochtitlan . Del mismo modo, el tlaxilacalli de Cuezcontitlan se localizó en el triángulo formado por el poniente de la plaza de San Pablo, la zona de Xoloco-Plaza del Tlaxcoaque y Tocititlan-Pino Suárez. La etimología del nombre de dicho barrio (nah. “cerca de las trojes”) implica que en su vecindad se dispusieron instalaciones administrativas asociadas al almacenamiento centralizado (Rovira, en prensa).


Figura 3. Tlaxilacaltin de la sección urbanizada de la parcialidad de Teopan durante la época prehispánica tardía (Fuente: R. Rovira)

Los tlaxilacaltin prehispánicos de Tozanitlan, Teocaltitlan y Cuezcontitlan albergaron las principales residencias de la nobleza indígena tradicional de Teopan, así como las instituciones motrices en el ámbito religioso, administrativo y político. Por otra parte, el resto de barrios de esta parcialidad se dedicó tanto a la horticultura doméstica en chinampa como a varias actividades económicas semi-especializadas. De entre ellas cabe mencionar la importancia tradicional que tuvieron la pesca, la caza de aves, la recolección de fauna acuática o la explotación de lodo y de carrizal (Mapa de Uppsala 1986 [1550], Parsons 2006: 243 y ss., [Fig. 2]).

En términos generales, esta situación se prolongó durante buena parte de la época virreinal, puesto que las condiciones naturales de esta zona urbana y del resto de la isla de México no se vieron plenamente modificadas hasta entrado el siglo XVIII. Tras la Conquista, la parcialidad de San Pablo Teopan continuó con una apariencia esencialmente rural durante los siguientes doscientos años, utilizando amplios solares despoblados para instalar el matadero de la ciudad (Marroquí 1900, González Obregón 2006 [1922]). El virrey Don Luis de Velasco y de Castilla comisionó en 1607 la ciclópea tarea del desagüe de la cuenca lacustre del valle de México al ingeniero Enrico Martínez. Ciudad de México llevaba medio siglo sufriendo devastadoras inundaciones que se repetían cíclicamente en un promedio de cada veinticinco años. Aunque hacia 1555 se inició la reconstrucción del albarradón prehispánico de Ahuitzotl en la zona de San Lázaro, en 1579 las aguas volvieron a cubrir buena parte de la sección este y centro de la capital novohispana, ocasionando numerosas pérdidas personales y materiales. El ambicioso proyecto de 1607-1608 contemplaba realizar una desviación del cauce del río Cuautitlán (principal tributario de los lagos Xaltocan y Zumpango) hacia el sistema hidrológico del Tula y del Pánuco mediante un socavón en Nochistongo. Sin embargo, la inesperada clausura de las obras hidráulicas en la década de 1620 por orden del virrey fue uno de los factores que contribuyeron a ocasionar uno de los mayores desastres que padeció Ciudad de México en el siglo XVII: la gran inundación de 1629 (Aréchiga 2004: 62). Con posterioridad, se reanudó el proyecto del Real Desagüe de Huehuetoca y la conducción controlada de los cuerpos de agua lacustre hacia el Golfo de México acentuó la transformación de la fisonomía ecológica de la parcialidad de San Pablo desde las postrimerías del siglo XVII. En este sentido, entre 1686 y 1706 Santa Anita Zacatlamanco y San Matías Iztacalco -localidades rurales limítrofes con los barrios meridionales de San Pablo- se enraízan en una serie de litigios por definir los linderos entre sus respectivas tierras comunales . Procesos judiciales análogos también se documentan en la década de 1720 entre la Asunción Aculco y San Juan Nextipac 9, ubicados a poco más de dos kilómetros de San Pablo. Es más, en la misma época se empieza a hacer palpable en esta área el incremento del cultivo de especies xerofíticas como el maguey y la explotación de pulque 10 . Así pues, ambos hechos indican de manera inequívoca que en el tránsito del siglo XVII al XVIII extensas áreas al sur de la Ciudad de México habían empezado a desecarse, fenómeno que estimuló un progresivo cambio en las estrategias de explotación de recursos naturales, así como un rápido incremento en la competencia inter-local por el control de los nuevos terrenos surgidos y de las actividades agrícolas asociadas (véase Dávalos 2006: 46 y ss.). A lo largo del siglo XVIII la intensificación en el proceso de desecación del suelo en la parcialidad de San Pablo posibilitó una urbanización embrionaria en torno a una de las pocas vías acuáticas que sobrevivieron a las profundas transformaciones ecológicas que se estaban produciendo: el Canal de la Viga.

Infraestructuras y vialidades

El emplazamiento lacustre de la antigua Tenochtitlan-Tlatelolco implicó un complejo desarrollo del transporte acuático mediante la creación de innumerables acequias y canales que convivían con varias vías de comunicación terrestre en el seno de la parcialidad de San Pablo Teopan (Lombardo 1973: 137-138, Calnek 1976: 296, Rojas 1986: 49 y ss.). Una red de embarcaderos nutría un ferviente tráfico de canoas en diferentes focos de la geografía de Teopan, tales como Tetamazolco y Xoloco (Lombardo, op. cit.). Asimismo, el arqueólogo del INAH Pedro Francisco Sánchez Nava (1984) reporta el hallazgo de restos de otro importante embarcadero durante un rescate arqueológico efectuado en el área de la Candelaria. La principal calle de tierra apisonada que conectaba este distrito urbano tanto con el recinto ceremonial del Templo Mayor como con las localidades isleñas y de tierra firme al sur de Tenochtitlan fue la calzada de Iztapalapa. El acceso monumental localizado en el baluarte y puente de Xoloco favorecía un excelente control de los transeúntes, así como de los bienes y productos que ingresaban en la ciudad en calidad de rentas particulares, tributo o mercancías. La zona de Xoloco también dispuso de complejos almacenes custodiados por los agentes administrativos del Estado mexica (calpixqueh ó calpixcapipiltin). Además, una calzada terrestre adicional pudo conectar el centro rector de la parcialidad situado en el complejo del Huitznahuac con el recinto de Yopico, localizado en las inmediaciones de la actual plaza del Salto de Agua, ya dentro de la vecina parcialidad de (San Juan) Moyotlan (González González 2005: 58-61). Cabe remarcar que esta vialidad continuaba siendo una importante arteria terrestre de la Ciudad de México en la década de 1550 (Mapa de Uppsala 1986 [1550], Santa Cruz 1556-1560: f.341v.)11 . Por último, otra importante vía se construyó para conectar por tierra la parcialidad de Teopan con el próximo islote chinampero de Mixiuhcan (Filsinger 2005), sujeto jurisdiccionalmente a ésta (Caso 1956). Por otra parte, aunque la zona de San Pablo durante la época prehispánica estuvo surcada por varias decenas de canales secundarios, tres principales acequias posibilitaban un rápido transporte y una eficaz comunicación a través de canoas. La primera de ellas, era conocida con el nombre de acequia de Xoloco y su recorrido se corresponde con la actual calle Chimalpopoca. Una extensa vialidad acuática que seccionaba de este a oeste la totalidad de la isla de Tenochtitlan circulaba por las proximidades de los barrios indígenas de Huitzillan y Cuauhquiyahuac y fue reconocida con el nombre de Acequia Real durante el Virreinato. La actual calle Corregidora se asentó sobre los restos de este importante eje de comunicación interna. En último lugar, el Canal de la Viga ya existía en la ciudad prehispánica y durante el Virreinato desempeñó un papel fundamental como garante del tráfico de comestibles y productos procedentes de la chinampería de Xochimilco y Chalco en la propia capital. Como hemos apuntado con anterioridad, el auge de esta vía comercial en el siglo XVIII fue correlativo al proceso de desecación de los espacios colindantes a Ciudad de México y, de forma paralela, a una incipiente urbanización de la zona asociada a la creación de molinos e industrias varias. No obstante, desde las décadas previas a la Independencia, elevados niveles de insalubridad y toxicidad caracterizaban los distritos vecinales colindantes a este mismo canal, a la garita de San Lázaro y a la Acequia Real (Canudas 2005: 1426-1427, Moncada 2006).

Transformaciones en el tejido social y administrativo


San Pablo Teopan constituye un escenario urbano de primer orden donde se puedan monitorizar de manera clara los profundos cambios acontecidos en el ámbito de las relaciones de poder durante el Virreinato. En términos generales, existe un consenso unánime en admitir el hecho de que uno de los principales rasgos sociopolíticos que define el tránsito de la época prehispánica tardía al Virreinato temprano fue la progresiva evolución del modelo del Personenverband al del Territorialverband (Owneel y Hoekstra 2001: 6 y ss.). En este sentido, cabe remarcar que en el mundo indígena prehispánico el altepetl fue considerado la unidad ontológica primaria que aludía a profundas nociones relativas a la comunidad, a la soberanía, a la extracción institucionalizada de recursos naturales en un determinado medio geográfico y, por último, a la legitimación en la ocupación de un espacio físico santificado (Lockhart 1992: 14 y ss., Grim [ed.] 2000, Reyes García 2000, Fernández y García [coords.] 2006). El altepetl de México-Tenochtitlan estuvo integrado por diferentes estancias y dependencias sujetas jurisdiccionalmente a titulares particulares, templos, barrios y parcialidades; todas ellas se hallaban ubicadas en islotes del Lago de México y en diversas localidades de la Cuenca. De este modo, se esgrimía un modelo segmentario y heterárquico donde los diferentes sujetos no se hallaban en contigüidad espacial (Lockhart 1992: 17-20, Gibson 1980: 37 y ss.). No obstante, el principal componente que proporcionaba cohesión sociológica dentro del altepetl era la existencia de complejas redes de dependencia interpersonal de tipo feudo-vasallático entre sus miembros, así como el reconocimiento colectivo de la afiliación tributaria que se les debía a los señores locales (Smith 2003: 151). En las postrimerías de la época prehispánica, la parcialidad de Teopan disponía de personalidad jurídica propia para tener bienes patrimoniales per se en las estancias de Tlaxolpan, Huehuetlan, Tlalyztacapan, Colhuatlayauhcan, Tepetlacalco y Mixiuhcan (Caso 1956: 23-24), así como para percibir trabajo colectivo rotatorio -o coatequitl- de Tlatelolco con el fin de realizar reparaciones periódicas en el templo de Huitznahuac (Códice Mendocino 1542: f.19r). Como hemos comentado con anterioridad, el centro institucional de la parcialidad se encontraba en los predios inmediatos a la actual parroquia de San Pablo el Viejo (Fig. 4). En la antigüedad prehispánica, esta zona albergó el precitado templo, un calmecac y, de forma paralela, el tecpan o “casa de comunidad” vecinal, localizado en tlaxilacalli aledaño de Tozanitlan. Las “casas de comunidad” de las parcialidades prehispánicas mantenían relaciones heterárquicas (Ehrenreich et al. [eds.] 1996, Bondarenko et al. 2002: 66 y ss.) entre sí y asumían importantes aspectos de la organización administrativa, política y económica del propio altepetl. Según los datos aportados por Hernando de Alvarado Tezozomoc (2001 [1598]: 367) las “casas de comunidad” eran conocidas con el nombre de huehuecalli en Tenochtitlan-Tlatelolco. Dorothy Tanck de Estrada (2006) apunta a una cierta continuidad de este tipo de instituciones en varios pueblos de yndios virreinales, puesto que en dichos emplazamientos se efectuaban reuniones asamblearias, se recolectaba el tributo y se almacenaba el maíz, se asignaban las tareas y trabajos comunitarios a las tandas de cuadrillas de obreros, se ejercía justicia y se alojaba a los visitantes y forasteros.


Figura 4. La mutación de la esfera religiosa en la parcialidad de Teopan: representación del glifo del templo de Huitznahuac (Códice Mendocino 1542: f. 19r [digitalización de R. Rovira]) y parroquia de San Pablo el Viejo (Fuente: foto de R. Rovira)

Sin embargo, tras la Conquista y la consiguiente creación de la república de yndios de San Juan Tenochtitlan, las relaciones de poder dentro de la capital tendieron a una creciente territorialización. El cabildo indígena de la ciudad empezó a responsabilizarse de las tareas que, con anterioridad, habían definido el carácter institucional de los centros de parcialidad prehispánicos. En 1576, el gobernador y alcaldes indígenas se pleitean con los herederos de Don Andrés de Tapia Motelchiuhtzin por la propiedad y el control del tecpan de San Pablo12, reflejo inequívoco de las tendencias uniformizadoras que se estaban desplegando desde la esfera política y administrativa. La relativa marginación política a la cual fue sometido San Pablo Teopan dentro del organigrama del cabildo indígena se plasmó en la evidente desproporción que existía hacia 1600 entre los regidores procedentes de esta parcialidad con respecto al número aportado por San Juan Moyotlan (Gibson 1980: 177). De forma adicional, otro proceso que contribuyó de manera palpable al ocaso jurisdiccional que padeció San Pablo Teopan durante el Virreinato fue el drástico cambio acontecido en la década de 1570 en la dependencia de la parroquia hacia la orden de los agustinos. En 1581, Doña María Juana, nieta del gran cacique indígena Andrés de Tapia Motelchiuhtzin, se pleiteaba con el recién fundado Colegio de San Pablo por la propiedad de tierras e inmuebles patrimoniales13. Asimismo, durante el año 1632 los principales y alcaldes de la parcialidad reanudaban las hostilidades contra esta orden religiosa pleiteando de nuevo por motivos similares14. Finalmente, también cabe recordar la temprana cohabitación o co-residencia establecida entre la comunidad indígena de San Pablo Teopan con colectivos castellanos, negros y mulatos más allá de los límites que la propia “traza española” de 1524 establecía. Susan Kellogg (2005: 14) menciona el caso de Toribio González, abogado español que residió juntamente con la familia de Don Hernando de Tapia en su domicilio nobiliario de San Pablo Tozanitlan, auxiliando a Doña Isabel de Cáceres (mujer española de este último) en el pleito de 1576 mencionado en las líneas superiores. Del mismo modo en la famosa Leyenda de la Calle del Cacahuatal de San Pablo (Marroquí 1990) se afirma la presencia de prósperas familias de comerciantes españoles judaizantes en esta zona a finales del siglo XVII. Para 1810, las dinámicas de interacción étnica y los procesos de mestizaje eran toda una realidad en San Pablo.

Valoraciones finales

La transformación urbana de San Pablo Teopan desde los últimos decenios prehispánicos hasta las postrimerías del Virreinato (Fig. 5) requiere un mayor análisis que trasciende los lineamientos superficiales que se han trazado en este artículo. Sin embargo, la progresiva transformación ecológica del espacio, el incremento de la urbanización y la pérdida de competencias políticas frente a las instituciones de poder surgidas en el siglo XVI constituyen fenómenos históricos medulares en la evolución de esta zona vecinal de la Ciudad de México.


Figura 5. Evolución urbana de la parcialidad de San Pablo Teopan. El templo de Huitznahuac y la parroquia de San Pablo resaltados con un círculo rojo (Fuente. R. Rovira)



Bibliografía consultada
Fuentes

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Notas


1 Las parcialidades constituyeron importantes entidades políticas y administrativas dentro de la estructura organizativa del altepetl prehispánico. Arturo Monzón (1949: 31-32) utiliza la denominación errónea de campan para aludir a éstas en México-Tenochtitlan cuando secciona indiscriminadamente el vocablo nauhcampan (nah. “las cuatro partes”). Las fuentes indígenas de los siglos XVI y XVII utilizan los términos calpulli, altepetl o tlayacatl para referirse a los cuatros grandes distritos urbanos de la capital de los mexicah-tenochcah (Reyes 1996: 45, 47).

2 Sin embargo, dicha vinculación jurisdiccional cambió bruscamente en las décadas de 1560-1570 cuando se dio paso a una distribución doctrinal de las visitas entre franciscanos, agustinos y carmelitas.

3 La existencia de barrios multi-étnicos en la gran conurbación prehispánica de Tenochtitlan-Tlatelolco se encuentra ampliamente documentada. La población originaria nahua rápidamente absorbió importantes contingentes de emigrantes chichimecas, otomíes, huexotzincas y tlapanecas. Este fenómeno favoreció un rápido y sostenido crecimiento demográfico en el seno de la ciudad y, de forma paralela, un claro desarrollo económico relacionado con la especialización ocupacional que caracterizaba cada uno de estos grupos étnicos (Rojas 1986: 79-80).

4 Los barrios localizados en la vecindad sur y sur-este del recinto del Templo Mayor fueron Quauhquiyahuac, Huitzillan y Atempan (Caso 1956).

5 Utilizamos el adecuado término de tlaxilacalli [sing.] y tlaxilacaltin [plu.] para referirnos a los barrios y vecindades de México-Tenochtitlan, uniéndonos, de este modo, a las tesis planteadas por Edward E. Calnek (1976: 296-297) y Luis Reyes García (1996: 56-68).

6 María Tlaco con Luis de Paz, por camellones de tierra en San Pablo. AGN, Tierras, 1561, vol. 19, 2ª parte, exp. 3: f.86r.

7 Hernando de Tapia y sus herederos con el barrio de San Juan, por casas. AGN, Tierras, 1576, vol. 37, exp. 2: f.1r.

8 Los naturales del pueblo de Santa Ana Zacatlamanco contra los del de San Matías Iztacalco, por tierras. AGN, Tierras, 1686, vol. 140, exp. 4. Los naturales del pueblo de San Matías Ixtacalco contra los del de Santa Ana Zacatlalmanco. AGN, Tierras, 1706-1759, vol. 350, exp. 3. Este conflicto agrario entre “pueblos” protagonizado por San Matías Iztacalco y Santa Ana Zacatlamanco es producto de la nueva realidad ecológica de los siglos XVII y XVIII, puesto que en 1565 el Códice Osuna (f. 435r.) menciona a Zacatlamanco como un barrio chinampero sujeto a Iztacalco, manteniéndose, de este modo, la situación prevaleciente durante el Posclásico Tardío.

9 Los naturales del pueblo de la Asunción Aculco contra los del de San Juanico, o San Juan Nextipac, sobre posesión de tierras. AGN, Tierras, 1722, vol. 1589, exp. 3.

10 Se ordena a los arrendatarios del impuesto del pulque de Coyoacán y Mexicalzingo (…) San Simón Ticoman (…). AGN, Indios, 1689, vol. 30, exp. 239. Disponemos de una evidencia temprana de la primera mitad del siglo XVII acerca de la producción y comercialización de pulque en la parcialidad de San Pablo en AGN, Indios, 1639, vol. 11, exp. 278 [Para que Paula Francisca, natural del barrio de San Pablo, use de la licencia que tiene para vender pulque a las horas y tiempos que dispone la ordenanza, sin impedírselo ninguna justicia].


11 Luis González Aparicio (1980) afirmó que en la elaboración de la planimetría diseñada por el alarife García Bravo se tuvieron en cuenta rasgos urbanísticos de claro origen prehispánico, tales como calzadas, acequias, espacios abiertos de uso comunitario y modulaciones indígenas. Para ahondar en tales cuestiones, recomendamos la lectura de Saúl Pérez Castillo La equidistancia de algunos elementos urbanos de origen prehispánico localizados dentro de los límites que tenían las ciudades de Tenochtitlan y Tlatelolco, en Revista del Centro de Investigación de la Universidad La Salle, volumen 4, número 14, México, enero 2000, pp. 19-24.

12 Hernando de Tapia y sus herederos con el barrio de San Juan, por casas. AGN, Tierras, 1576, vol. 37, exp. 2: f.1r. Don Andrés de Tapia Motelchiuhtzin ejerció de cuauhtlahtoani entre 1525 y 1530/1532. Con anterioridad y durante los reinados de Motecuzohma II (1502-1520) y Cuauhtemoc (1520-1521) recibió el título honorífico de Huitznahuatl, el cual le dotaba de facultades para poder participar en el alto consejo real, organizar cuestiones de logística militar y ejercer jurisdicción gubernamental sobre la parcialidad de Teopan.

13 María Juana contra el Colegio de San Pablo, por tierras de una capellanía. AGN, Tierras, vol. 45, exp. 4: f. 1r.

14 Para que se guarde y cumpla el mandamiento inserto, relativo a que el padre provincial de la Orden de San Agustín, ampare a los alcaldes y principales del barrio de San Pablo de esta ciudad en unos solares por querérselos quitar los religiosos de dicho convento. AGN, Indios, 1632, vol. 10, exp. 183. Mandamiento. Virrey Rodrigo Pacheco.
y Osorio. 13-05-1632. Ciudad de México.







 
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