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ENSAYO
     

 

 

La búsqueda del nuevo comienzo

Aarón Polo López

 

 

El 8 de diciembre de 2006 fue estrenada la película Apocalypto en los Estados Unidos.
Fue producido por los Estudios Icon Entertainment y Touchtstone Pictures y la dirección corrió a cargo del australiano Mel Gibson.

Este drama mítico de acción fue filmado en el estado de Veracruz, en los municipios de Catemaco, Paso de Ovejas y San Andrés Tuxtla.


El joven Garra Jaguar, protagonista de la historia, es parte de una comunidad maya en tiempos previos a la llegada de los españoles, que es capturada por otro grupo de la misma cultura con el fin de ofrecer en sacrificio a los hombres y vender como esclavas a las mujeres en una de aquellas míticas ciudades prehispánicas del sureste mesoamericano.
Impulsado por el amor de su mujer y su hijo, realiza un trepidante escape para rescatarlas y finalmente poder salvar su vida.


Poco tiempo después de ser estrenada, Apocalypto desató una fuerte polémica que extrañó a los especialistas mexicanos de dicha cultura.  

En el tiempo que tengo como investigadora [Doctora María del Carmen Valverde], no recuerdo ningún otro momento en el que se haya recibido en el Centro de Estudios Mayas de la UNAM tal cantidad de llamadas para pedir la opinión de especialistas sobre un tema específico; en ocasiones no nos ha dado tiempo para responder a todas las solicitudes de entrevistas para programas de radio, televisión, periódicos o revistas.

De igual forma, se recibieron incontables correos electrónicos tanto de colegas nuestros -mexicanos, guatemaltecos, norteamericanos y de muchos otros países- como del público en general, la mayor parte de ellos mostrando su indignación ante la más reciente película de Mel Gibson en torno a los mayas.  

En el extranjero no fueron indiferentes, y activistas indígenas de Guatemala pidieron al público que no acudieran a las salas.El 25 de enero de 2007 el periódico Reforma publicó la defensa de Gibson ante estos ataques:   "No mostré ni la mitad de las cosas que leí. Leí acerca de una orgía de sacrificios: en cuatro días sacrificaron 20,000 personas.

También tenían afición por empalar genitales y para torturar a personas durante años. Por ejemplo, si capturaban a un rey o a una reina de algún otro lugar, lo humillaban durante una década. Le cortaban los labios, le arrancaban la lengua, lo dejaban sin ojos ni orejas. Ah, y le comían los dedos. El tipo quedaba vivo, pero en un infierno sobre la Tierra, una masa balbuceante de terminales nerviosas. Después de nueve años de esto, lo enrollaban y lo dejaban caer por las escaleras del templo, y se hacía pedazos. [1]
 
Las declaraciones del director vislumbran las fuentes que le sirvieron de referencia, eventos que agudizaron la polémica sobre qué tan apegados o no son estos personajes a los mayas historiados.

Incluso, Gibson terminaba su argumentación señalando que la diferencia entre sus críticos y él, era que éste último se atrevió a hacer una película de esta cultura. Sin embargo, haciendo una revisión rápida, nos daremos cuenta que la polémica sigue hoy en día y que no sólo estriba entre el director y los especialistas, sino entre estos últimos, cuyo sentido de la discusión ha tomado nuevo rumbo conforme se avanza en los estudios sobre los sacrificios y la cultura en sí.

Ciertamente, Apocalypto está plagada de errores históricos que en otros artículos se enlistan; incluso los mayistas han señalado que si se puntualizara en ellos se tendría que realizar otra película de mayor duración. Por tal motivo, resultaría engorroso hablar de lo que ya se ha escrito mucho y por especialistas en la civilización maya. [2]


Mi interés reside en esbozar puntos poco señalados como la consecuencia de la polémica de esta película, y me refiero a la célebre fórmula de Benedetto Croce, “Toda historia es historia contemporánea”, o como lo dirían el crítico de cine Jean Serroy y el sociólogo Gilles Lipovetsky,  
"La película que habla de ayer, habla por hoy: cuestiona el pasado, lo juzga. La forma en que el cine aborda desde entonces la representación histórica refleja la gran mutación experimentada por la sociedad hipermoderna en relación con el pasado: la historia, la del pasado, que se cuenta en pretérito, se vuelve recuerdo o, dicho de otro modo, se vuelve pasado problematizado en presente". [3]  


La historia desde el cine ha sido un tema de pocas reflexiones en el ámbito nacional, existen estudios de la historia del cine mexicano, de su relación con la sociedad, biografías de directores, actores, análisis de géneros cinematográficos, guiones, películas, etcétera. Pero del cine como fuente histórica en México poco se ha dicho.


Pese a que el cine ha sido relevante en las últimas décadas en la cultura de la humanidad, para la mayoría de los historiadores queda claramente señalada la frontera entre el cine y la historia. La doctora Carmen Valverde señala en un artículo sobre Apocalypto: "
¿vale la pena seguir haciendo señalamientos desde la academia sobre una cinta que se enuncia como de ficción? En este sentido coincidimos esencialmente con la Dra. Elin Danien, investigadora de la Universidad de Pennsylvania quien, al ver la película, escribió con ironía: Preguntarle a un mayista sobre la autenticidad de la película de Mel Gibson es como preguntarle a un paleontólogo sobre la autenticidad de los huesos de Godzilla”. [4]  


Una vez que los especialistas nos ponen en claro los errores de los contextos de los filmes como Apocalypto¿dejan de funcionar como posible documento histórico? Como diría el humanista francés de la Universidad de la Sorbona, Pierre Sorlin, “los historiadores mantienen una mala relación con el cine porque no cuadra con las categorías que suelen utilizar”. [5]

Desde la invención del cinematógrafo, el cine se movió tanto en el registro futurista (Méliès) como en el de la memoria (los hermanos Lumière), siendo la Historia un vasto territorio que poner en escena. El cine histórico, mezcla de realidad y novelería, es un cine de “disfraces” que reconstruye una época. En este estricto sentido, Apocalypto se ciñe al género histórico pero, cabe señalar que dentro de este género se encuentra el cine histórico hollywoodense, que:  
...sabe pulsar las nuevas ssensibilidades colectivas, incluso ofrece material para generar un neoheroísmo que explota todo el abanico de los efectos especiales, lo digital y lo virtual.

Gracias a la prodigiosa evolución técnica que trastorna la concepción y realización de películas, este neocine consigue lo que el cine de decorados artesanales ni siquiera se atrevía a soñar. [6]
 

De esta forma la historia se reescribe según la moda burlesca o según la moda fantástica, por supuesto, según el carácter del director. En sus obras anteriores, el australiano nos presenta a sus protagonistas con inclinaciones a destripar al adversario, a derramar sangre, a empalarlo a placer. Es más deudora de una estética a lo Mad Max que de una voluntad de realismo histórico.En estos términos, Apocalypto en parte nos habla de los mayas y en parte de los gustos de Mel Gibson.

La pasión, película que precede a la aquí estudiada también se grabó en el idioma de la época, que no necesariamente se apega a la realidad, pero que sí resulta más impactante al espectador no especialista en el tema. Pese a la cantidad de sangre en ambas películas y de actitudes, vistas desde el presente occidental como poco “normales”, existe un discurso que pone en evidencia el mal ejercicio de vida del hombre contemporáneo, se resalta la fe ante la adversidad, ante el Via Crucis o el sacrificio.¿Son estas características distintivas de la cultura maya, de la cultura judeocristiana, o de Mel Gibson?

Sí y no serían las respuestas correctas según el contexto que quisiéramos destacar, pero este punto da pie a reflexionar sobre lo que es la historia y el cine, así como sus tímidos vasos comunicantes.

Es probable que las imprecisiones históricas de Apocalypto respondan a ganar mayor impacto visual, al estilo Hollywood. Pongamos como ejemplo la más reciente película del estadounidense Quentin Tarantino, Inglorious Basterds (Bastardos sin gloria). El director juega sin control, engolosinado en el contexto histórico, donde parece proponer que “hubiera sido lindo si la historia fuese así”.

Este es el derrotero del “cine histórico” de factura norteamericana, y que los historiadores no debemos perder de vista. No basta con señalar los anacronismos de lo que se cuenta, sino por qué se cuenta, quién y cómo.La doctora Valverde señala referente a una de las escenas de Apocalypto:  

Dicho sea de paso, las únicas evidencias históricas de “fosas comunes” atestadas de cadáveres de indios mayas, como la que aparece en la película, proviene precisamente de la época de la guerra civil guatemalteca y no del periodo prehispánico.

Entonces sí que hubieran sido necesarias las luminarias que ahora merece una pésima cinta; hay que señalar que a pesar de que muchas voces se alzaron entonces para denunciar los hechos de violencia, nunca recibimos la cantidad de llamadas que ahora hemos tenido para preguntarnos qué estaba pasando con los mayas en Guatemala. [7]  


Si bien, el cine no tiene un compromiso moral para representar las denuncias, como la guerra civil guatemalteca, es de destacarse la complejidad del fenómeno provocado por una película, pues el cine, con su parentela de miradas y pantallas, es la expresión por excelencia de la sensibilidad del mundo actual. Por ello, esta cinta más allá de la historia de Garra Jaguar, nos ha dado una idea del sentir de la sociedad referente a la idea e imagen que tiene de la cultura maya, y que en la travesía de la “búsqueda del nuevo comienzo” (traducción de Apocalypto), nos pone en el dilema de replantearnos nuestra forma de historiar, de analizar este tipo de fuentes acorde a nuestra contemporaneidad.

La historia de estas historias, cuyo común denominador es la civilización maya, no termina con las polémicas. Hoy en día continúan en las producciones hollywoodenses, como es el caso de 2012 (película que entre otras cosas, trata una profecía maya), y cuyas obras escritas generadas como consecuencia de este nuevo film, destacan a una sociedad norteamericana necesitada de un “nuevo comienzo” donde renazca el orden y con ello su supremacía en el orden mundial.


[1]           Reforma, “Nacionalismo de piel delgada”, 4 febrero 2007.
[2]    Tan sólo hay que revisar los artículos publicados en la Red para darse cuenta de la trascendencia de esta polémica, como ejemplo revisar Wikipedia, bajo el rubro Apocalypto.
[3]    Lipovetsky, Gilles, Jean Serroy. La pantalla global. Cultura mediática y cine en la era hipermoderna. Traducción, Antonio Prometeo Moya. Barcelona, Editorial Anagrama, 2009. 356 p., p. 167.
[4]    Desconozco si este artículo que escribió la doctora Valverde, Coordinadora del Centro de Estudios Mayas de la UNAM es inédito o está publicado, sin embargo agradezco sus atenciones y que me haya facilitado un impreso de lo que aquí se cita. María del Carmen Valverde, Apocalypto. 2007.
[5]    Pierre Sorlin, “Cine e historia. Una relación que hay que repensar”, en Camarero, Gloria, Beatriz de las Heras y Vanessa de Cruz (eds.) Una ventana indiscreta. La historia desde el cine. Madrid, Universidad Carlos III de Madrid, 2008. 207 p., p. 20.
[6]    Lpovetsky, Gilles. Op. Cit., p. 168.
[7]    Carmen Valverde. op. Cit.








 
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