Inicio | Índice | Librero | | Comentarios | Libros | E-Libros | Eventos | Cursos | Voces |
Directorio
 
ENSAYO
   
 

EL TIEMPO KHLEBNIKOVIANO: ENTRE H.G. WELLS Y KALACHAKRA*

ANDREA HACKER (DUBLIN)



Observa las partes y el Tantra para el "Rey del Tiempo"
Velimir Khlebnikov

 


En octubre de 1904, en el clímax de la guerra ruso-japonesa, la flota báltica de los rusos se embarcó en un colosal viaje desde San Petersburgo alrededor de África, a través del Océano Índico, y hasta el Mar Amarillo para encontrarse con sus enemigos japoneses en lo que sería uno de los enfrentamientos más sangrientos en la historia marítima de Rusia: la batalla marítima de Tsushima en mayo de 1905.

Se hundieron 21 embarcaciones rusas, y en un solo día un total de más de 4,300 rusos perdieron la vida. Además de las terribles pérdidas que la infantería rusa había padecido en la batalla de Mukden al norte de China dos meses atrás, la derrota en esta batalla significó que la campaña rusa en el Lejano Oriente prácticamente ya había terminado.

El gran imperio fue vencido. [1] Las noticias sobre Tsushima pronto llegaron a las grandes ciudades de Rusia, y entre los muchos que reaccionaron con escepticismo y horror ante el evento estaba un joven aspirante a poeta, Velimir Khlebnikov.

A diferencia de cualquier otra persona, sin embargo, Khlebnikov decidió ese día descubrir las leyes del tiempo según las cuales se desarrollan los eventos, en particular los de naturaleza beligerante. [2]

El objetivo del presente ensayo es demostrar cómo la búsqueda de Khlebnikov y sus escritos cosmológicos resultantes atestiguan una mezcla única de pensamiento oriental y occidental, y cómo la noción de Khlebnikov de tiempo y de visión del futuro mezcló elementos asiáticos y europeos, así como lo de su país.

El ensayo presenta inicialmente las ideas principales de Khlebnikov sobre el tiempo y una breve contextualización de las mismas en el modernismo ruso. Las dos siguientes secciones demuestran cómo las ideas de Khlebnikov acerca del tiempo tienen una gran deuda con Oriente y con Occidente, pues en ellas se investigan sus vínculos, primero, con las obras e ideas de Herbert G. Wells y, segundo, con el Kalachakra Tantra del budismo tibetano.

La tercera sección, la última, evalúa brevemente cómo la síntesis de Khlebnikov acerca de estas ideas complementa la idea de un futuro global.

Para retener un sentido de orientación en estos vastos tópicos, es útil recordar que, aunque estas tres ideas del tiempo (la de Khlebnikov, la de Wells, la budista) pueden parecer aleatorias a primera vista, comparten un principio subyacente. Están ligadas por el principio de causa y efecto.

El comportamiento negativo tendrá efectos negativos, y el comportamiento positivo tendrá efectos positivos. Además, las tres ideas del tiempo prometen una solución a los problemas y sufrimientos de la humanidad. Antes de empezar, sin embargo, nos parece apropiada expresar una exención de responsabilidad. No hace falta decir que un simple ensayo no puede hacer justicia a la Weltanschaung de Khlebnikov o de Wells. En consecuencia, los vínculos y paralelismos entre ambos quedarán limitados a una selección manejable de estudios de caso representativos. En lo que respecta al Kalachakra Tantra, baste decir que a los estudiantes serios del budismo tibetano les toma años comprender los principios básicos de esta vía hacia la iluminación. Por tanto, cualquier explicación de este intrincado sistema que aquí ofrecemos asegura ser mucho más que fotografías instantáneas de un turista intelectual.



El tiempo de Khlebnikov y el modernismo ruso



Khlebnikov se dispuso descubrir los patrones matemáticos del tiempo con varias premisas: primero, que el universo es armónico; segundo, que los fundamentos de cualquier ley temporal están atados a expresiones exponenciales; tercero, que estas leyes pueden encontrarse con la ayuda de un método científico, y cuarto, que estas expresiones exponenciales están limitadas a un mínimo de valores básicos.

Más adelante Khlebnikov reduciría sus fórmulas a las expresiones exponenciales dos y tres, de las cuales la segunda representaba la naturaleza positiva de los eventos, y la tercera para la negativa. Su camino fue arduo. Durante años intentó establecer relaciones matemáticas entre los datos históricos, basándose en la oposición binaria de estos dos números, y llenó miles de páginas con cálculos durante este proceso. Finalmente llegó la epifanía en 1919, cuando creyó haber encontrado una ley común que unía todas sus premisas y que parecía funcionar para todos sus datos. De inmediato se dispuso a reunir todos sus materiales, y siguió haciéndolo hasta su muerte, en 1922. [3]

En el centro de estos últimos escritos yacen las rutas teóricas y matemáticas, también denominadas “fragmentos” (otryvki), que en conjunto se denominan The Tables of Fate (Doski sud’by) (Las tablas del destino). [4] Si bien la búsqueda y el eventual descubrimiento de Khlebnikov se encuentran en todos sus últimos escritos, Las tablas del destino se centran específicamente en una explicación de su cosmología. La teoría de Khlebnikov establece una relación matemática entre todos los eventos del universo, calculando el tiempo que transcurre entre ellos.

Las órbitas de las estrellas, la vida media de los elementos radioactivos, las batallas, el nacimiento y muerte de las personas, los sonidos y las revoluciones, todo cumple con patrones temporales similares, fundamentales, que pueden expresarse matemáticamente como funciones exponenciales basadas en los números dos y tres. El microcosmos se refleja en el macrocosmos, y viceversa. El crítico ruso Ieremiya I. Ioffe dio una de las primeras (y también una de las más concisas) descripciones de la teoría de Khlebnikov: “La historia y el tiempo tienen leyes similares al movimiento de la energía; el conocimiento de estas leyes ofrece la posibilidad de dirigir el tiempo. ‘En cuanto descubrí las leyes del tiempo, sentí como si estuviera sosteniendo una ratonera, en la cual el antiguo destino temblaba como un animalito asustado’ (Las tablas del destino).

En el centro del tiempo yace un movimiento rítmico, ondulatorio, que se comporta de modo similar a los rayos de luz de una longitud particular, un movimiento de devoluciones, de repeticiones, todas sujetas a las leyes de los rayos cósmicos. Cumple con las leyes de la conservación de la energía. Los individuos, los pueblos, la humanidad entera, todos estamos sujetos a estas leyes. Así, la historia, ‘la ciencia de lo terrenal, es una extensión de la ciencia de lo celeste’ (Teacher and Student). [5]

Los eventos históricos se presentan en olas. Se repiten rítmicamente. La historia es un proceso cerrado en el cual podemos no sólo predecir el futuro en función del pasado, sino que también el futuro influye sobre el pasado, como funciones de un sistema cerrado. En su teoría de los regresos y repeticiones temporales, Khlebnikov renueva la interpretación pitagórica de los números […] con base en la teoría de la relatividad. ‘Los antiguos llenaron los cielos de dioses. Los antiguos decían que los dioses determinan los eventos. Es evidente que estos cielos coinciden con el valor del tiempo a la enésima potencia, y que los habitantes de estos cielos, las potencias de n, son los dioses de los antiguos’ (Las tablas del destino).” [6]

La búsqueda de Khlebnikov de respuestas universales no fue un caso aislado de excentricidad intelectual. Él escribió en el contexto de la vanguardia rusa y sobre un fondo de fermento cultural. Su carrera poética y su búsqueda cosmológica se desarrollaron durante el régimen del último zar, la Primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique y los horrores de la Guerra Civil que vino después.

Al igual que muchos de los artistas y escritores de su generación, la motivación de su escritura se basó en lo que experimentó personalmente respecto a la mezcla peculiar de innovación y catástrofe que padeció Rusia durante las dos primeras décadas del siglo XX. Al igual que sus colegas modernistas, Khlebnikov intentó encontrarle sentido a este embrollo histórico y formularlo conforme a los principios poéticos de la agrupación (el “ismo”) a la que pertenecía. En el caso de Khlebnikov, se trataba del futurismo ruso. Un principio futurista fundamental fue la renovación y liberación del lenguaje poético ruso. Esto se lograría a través de medios radicales: no sólo a nivel de las imágenes, de la sintaxis, las connotaciones, etc., sino también con la palabra misma.

Al descomponer la palabra en sus componentes morfológicos o fonéticos y reordenarlos conforme a principios poéticos futuristas se generó un vocabulario completamente nuevo. Los futuristas les dieron a estas invenciones lingüísticas y al principio que regía su innovación el nombre de “lenguaje más allá del sentido” (zaumnyi iazyk). [7]

En su temprana carrera poética Khlebnikov estaba fuertemente involucrado con lo que en inglés se conoce como beyonsense. [8] Sus escritos post-revolucionarios, sin embargo, se alejan del amplio uso de neologismos y de la aplicación amplia de una técnica “más allá del sentido” a nivel lingüístico. En cambio, estos dispositivos se aplican a sus imágenes y a sus cálculos. En otras palabras, mientras que el énfasis de la cosmología de Khlebnikov se basa en su enfoque científico y la precisión matemática –en suma, en las expresiones matemáticas de sus leyes temporales–, la formulación de estas leyes refleja la poética futurista de Khlebnikov. [9]

Si bien este uso de la estilística en la expresión matemática puede parecer poco usual, el objetivo subyacente de Khlebnikov, fue descubrir irregularidades en el tiempo con el uso de los métodos científicos. De hecho, se trata de una búsqueda antigua tanto en Oriente como en Occidente, y Khlebnikov, que está plenamente consciente de estas tradiciones, se inspira en ellas, hace eco y refleja muchas de ellas y, al mismo tiempo, va desarrollando la suya propia.  

Khlebnikov y Wells


 
Khlebnikov aprendió la disciplina necesaria para la confiabilidad científica de su padre, quien era un ornitólogo notable, y más tarde, durante sus estudios de matemáticas en la Universidad de Kazán.

Además, Khlebnikov vivió en una época de descubrimientos científicos sin precedentes. La obra de científicos como Lobachevsky, los Curie y Einstein generó un clima intelectual en el cual las reformulaciones del universo no sólo se habían vuelto múltiples, sino que incluso parecían asequibles. [10]

Un escenario que ofrecía fundamentos fértiles para las exploraciones creativas de estos avances científicos fue la ciencia ficción. Rusia no quedó fuera de la notable estimulación que ofrecían las obras de este género. Para 1917, los autores occidentales más leídos eran Julio Verne y H. G. Wells. [11] Para 1909, Wells hay había visto dos ediciones de sus obras completas publicadas en ruso. Para 1917, una colección de trece volúmenes de historias y novelas ya estaba en la imprenta. Tan sólo las ediciones de sus obras eran innumerables. [12] Wells estaba preocupado sobre todo por la causa y el efecto del comportamiento de la sociedad como un todo. Su ciencia ficción y su no ficción presentan historias con
moralejas,admoniciónes y fábulas que intentan advertir los efectos del comportamiento de la sociedad en el futuro. La guerra de los mundos y La maquina del tiempo son ejemplos obvios, pero también La isla del doctor Moreau o El hombre invisible, que a primera vista cuentan la historia de héroes individuales que cumplen la misma función.

Ambas son historias con moraleja sobre “el científico” que rompe los límites y, al igual que las otras obras, advierten lo que ocurrirá si no consideramos las aberraciones del avance tecnológico y científico.

Esta preocupación por el bienestar de la sociedad como un todo surge de los antecedentes positivistas de Wells –él fue alumno de Thomas H. Huxley durante la década de 1880– y sus convicciones socialistas. En suma, se preocupaba por la sobrevivencia de la humanidad. Por su preocupación por la especie, los escritos que hicieron famoso a Wells en Rusia y en otros lugares tienen que ver principalmente con el futuro. De hecho, el autor de su más reciente biografía, Warren Wagar, se refiere a él continuamente como “futurista”. [13]

Las proyecciones utópicas ante el avance tecnológico y científico eran también fundamentales para la estética urbana de los futuristas rusos, y el nombre de Wells aparece no sólo en la obra de Mayakovsky, sino también repetidamente en los escritos de Khlebnikov, como lo muestran los tres ejemplos siguientes. En un texto escrito en 1913 sarcásticamente intitulado A Friend in the West, [14] Khlebnikov ataca los sentimientos pro germanos en Rusia, argumentando que Alemania no es ningún amigo para los eslavos, sino más bien un supresor e invasor.

Dice que los alemanes están preparándose para la guerra “estudiando los métodos de gobierno de Roma y la doctrina de las alianzas, creando así un llamado secular que siguen con la devoción de los ascetas.” Escribe también: “En La guerra de los mundos, de H. G. Wells, las fronteras de Alemania conducen imaginariamente hacia el Océano Pacífico.

Pero la naturaleza de lo ruso está sujeta sólo parcialmente a las leyes del reino eslavo; comenzando por el yugo tártaro, la esencia de lo ruso ha sido parte del ámbito de influencia de otras leyes. Los nombres Aksakov, Karamzin y Derzhavin descienden todos de los mongoles, y este hecho los vuelve resistentes a lo alemán.” [15]

Detrás de la visión de los trípodes horrendos de La guerra de los mundos, que se tradujo al ruso en 1901, se hallaba la preocupación de Wells sobre la colonización europea por un lado, y la rápida militarización de Alemania por la otra, que podía llegar a representar una grave amenaza para la seguridad de Inglaterra. Khlebnikov utiliza este segundo recelo de Wells para respaldar su propio argumento antigermánico, que a su vez se deriva evidentemente de sentimientos eslavófilos o, a lo mucho, euroasiáticos.

La reputación de Khlebnikov siempre ha sido la de un acérrimo opositor a lo occidental, postura respaldada por diversos manifiestos futuristas y por sus propios escritos. Khlebnikov estaba convencido de la degeneración de Occidente, por un lado, y de la fortaleza de Asia, por el otro.

Sin embargo, el hecho de que haga referencia explícita a la obra de un escritor occidental demuestra que esta postura antagonista hacia Occidente era más porosa que lo que él mismo nos habría hecho pensar. Escenificar su relato en el futuro le permite a Wells localizar su análisis de la invasión y colonización en un ambiente en el que toda la especie humana está en riesgo, y no sólo los ingleses o cualquier otro pueblo amenazado por la conquista y la exterminación. [16] Khlebnikov, a su vez, está aún a seis años de distancia de su descubrimiento y muy atrapado por la escalada propagandística de la Primera Guerra.

Wells no toma en cuenta la fortaleza asiática de Rusia que, según Khlebnikov, sin duda evitará que los “trípodes alemanes” lleguen a la costa del Pacífico. Ambos autores están preocupados por el efecto que puede tener el presente político sobre su respectiva sociedad en el futuro. El foco se mueve de la geopolítica inmediata a una visión utópica más amplia cuando Wells vuelve a aparecer en el manifiesto de 1916 de Khlebnikov The Trumpet of the Martians. [17] El manifiesto refleja con fuerza el esfuerzo cosmológico de Khlebnikov por descubrir las leyes del tiempo, y anticipa un movimiento magnífico para encontrar estas leyes. Escribe: “Aparecemos, atrapados sólo en victorias, y comenzamos a construir una unión de la juventud cuya embarcación está atada al eje del tiempo, y les advertimos de antemano que trabajamos a una escala mayor que la de Keops, y nuestra tarea es dura, grandiosa e inflexible.” El texto principal del manifiesto va seguido por dos órdenes, firmadas por Velimir I., Rey del Tiempo: La primera de estas órdenes dice: “Todos los ilustres participantes de las publicaciones futurianas son promovidos, en el presente documento, de los rangos de seres humanos a los rangos de marcianos.” La segunda dice: “Los siguientes están invitados a ser miembros honorarios sin voto del Consejo Marciano: H. G. Wells y Marinetti.” [18]

La sospechosa promoción de Wells a este consejo se debe obviamente a sus méritos como visionario del futuro. Después de todo, fue su Guerra de los mundos lo que atrajo la atención del público general hacia los marcianos en primer lugar. Sin embargo, en el consejo de Khlebnikov quedará como miembro sin derecho a voto. A pesar del sarcasmo de Khlebnikov, la razón de este humilde rango tal vez tenga que ver con el hecho de que Wells no era eslavo, o por lo menos con su equivocada opinión sobre los eslavos.

En 1922, poco antes de su muerte, Khlebnikov menciona nuevamente a Wells, esta vez en una obra no terminada, que se encuentra en uno de sus cuadernos. El siguiente pasaje refleja un estilo imperfecto, sin pulir: “El arte suele hacer uso del deseo en la ciencia de ejercer el poder. Tengo el deseo de tomar algo antes de tomarlo realmente. Él dijo que el arte tenía que alcanzar el mismo estatus de la ciencia y la industria, la Tecnología con T mayúscula. Pero mil años antes de la invención del aeroplano, ¿no existía ya la alfombra voladora? ¿Y el griego Dédalo dos mil años antes?

El capitán Nemo de la novela de Julio Verne se embarcó en un submarino medio siglo antes de la poderosa victoria de los alemanes. El invento de Wells de la máquina del tiempo. Si un artista debe darle un lugar secundario a la ciencia, a la vida, a los eventos, ¿entonces cómo se supone que ha de prever, predecir, predesear?” [19] Aquí, Khlebnikov integra a Wells no sólo como alguien interesado en el futuro, o como alguien con el mismo enemigo. Khlebnikov ve a Wells con la capacidad de un artista, y el artista es para Khlebnikov tanto un creador de mitos como un visionario, sin alejarse jamás de los rigores de la ciencia.


Es su proximidad a la ciencia y su sistema de pensamiento supuestamente occidental lo que hace de la obra de Wells un ejemplo tan claro de la deuda de Khlebnikov con la tradición intelectual de Occidente. La razón principal de que Khlebnikov mencione específicamente al escritor inglés, sin embargo, puede encontrarse en la idea de Wells de un consejo global.

En su obra de 1901, que lleva el nada sencillo título de Anticipations of the Reaction of the Mechanical and Scientific Progress upon Human Life and Thought, [20] que se tradujo al ruso en 1902, Wells sugiere un “orden global de los hombres capaces”: “He intentado demostrar que tanto en la paz como en la guerra ha funcionado y funciona un proceso con todo lo inevitable y toda la paciencia de una fuerza natural, por medio del cual la gran masa social tragada, informe e hipertrofiada de hoy en día debe dar origen al menos a una clase educada, organizada de manera natural e informal, una clase de comunidad sin precedentes, una Nueva República que domine el mundo. […] Aparecerá primero, estoy seguro, como una organización consciente de hombres inteligentes, y muy posiblemente en algunos casos poderosos, como un movimiento que presentará claros objetivos sociales y políticos, que abiertamente ignorarán la mayor parte del aparato existente de control político, o que lo usarán sólo como implemento incidental para el logro de estos objetivos.” [21]

Más interesante resulta el quinto capítulo de Wells, donde describe el destino de las naciones. Como señala Warren Wagar: “Los estados beligerantes y competitivos del mundo moderno, según él lo previó, se enfrentarían tarde o temprano en grandes guerras o, en el mejor de los casos, estarían luchando y siempre al borde de una guerra. Los partidos-máquinas políticas de las llamadas democracias y camarillas que alimentan a los ricos y poderosos en naciones más autocráticas demostrarían su ineptitud con el estrés del conflicto. Estas torpes sus servidores serían sustituidas ‘por hombres capaces y funcionales y administrativos inspirados por la creencia en una teoría común del orden social’.

Todo ocurriría ‘pacífica y gradualmente como un proceso de cambio, o violentamente como una revolución… pero inevitablemente como resultado de la inminencia o bien de los desastres de la guerra’.” [22] Wells realmente trató de estimular a la Sociedad Fabiana en Londres, a la cual pertenecía, para anunciar este cambio y evolucionar hacia la élite de su “Nueva República”. Finalmente, su objetivo falló. Khlebnikov, quien también fue educado por un darwinista, su padre, defendió una idea similar acerca del gobierno global. [23] Su élite se llamó “Los presidentes del planeta Tierra” e intentaba, de manera muy similar a Wells, estimular a sus colegas y amigos para generar un gobierno así. El propio Khlebnikov y su amigo y alumno Grigory Petnikov fueron los miembros principales, David Burliuk, Vladimir Mayakovsky y Maxim Gorky se unirían poco después, y personajes como Sun Yat-sen, Rabindranath Tagore, Woodrow Wilson, Kerensky y, con el tiempo, el propio Wells tenían garantizada la admisión. Pero hay una diferencia significativa entre las dos visiones.

A diferencia de Wells, el enfoque de Khlebnikov sobre el futuro no tenía mucho que ver con la causa y efecto lineales del comportamiento y la selección sociales, sino con el establecimiento de las particularidades y detalles de los patrones temporales; sólo algunos trabajos del último periodo, como Ladomir y The Radio of the Future, [24] ofrecían visiones utópicas más amplias. La solución de Khlebnikov a la lucha y los problemas de la humanidad estaba sujeta al descubrimiento de las leyes del tiempo.


Preocupaciones específicas, tales como la guerra por el territorio, no eran el camino a seguir. En cambio, la humanidad necesitaba utilizar las regularidades en el tiempo para encontrar la vía hacia la versión que él dio de un futuro pacífico y próspero basado en principios científicos y avance tecnológico. Mientras que Wells se basaba más en la biología darwiniana y en ideas socialistas de finales del siglo diecinueve, Khlebnikov, como señaló Ioffe, recurrió a la física y al idealismo revolucionario. Es sorprendente el hecho de que en Las tablas del destino se encuentran sólo unas cuantas predicciones. Al parecer, Khlebnikov sólo pudo sentar los fundamentos de su teoría basándose en datos existentes. Es irónico que no haya tenido tiempo suficiente para aplicar sus teorías al futuro.  

Khlebnikov y Kalachakra



 

La tarde del 11 de noviembre de 1913, el año que se publicó A Friend in the West, se organizó un evento típico del futurismo en Moscú. Khlebnikov no asistió, pero sus colegas futuristas, entre ellos Vladimir Mayakovsky, quien llevaba su llamativa blusa amarilla de seda, leyeron poemas e insultaron a la crítica. La principal atracción, que dio al evento su título, fue la lectura que hizo David Burliuk sobre Khlebnikov y Pushkin. [25] Al día siguiente el diario Russkoe Slovo publicó una reseña devastadora.

El crítico, escandalizado y horrorizado, informó con júbilo acerca de la estrepitosa carcajada con que el auditorio acogió esta provocativa comparación de los dos poetas. Después de todo, Alexander Pushkin fue el sol dorado de la poesía rusa, mientras que Khlebnikov era tan sólo un delincuente ruidoso. En su reseña, el crítico se burló de la poco clara pronunciación de Burliuk y puso como ejemplos varias afirmaciones sin sentido, entre ellas una que describía a Khlebnikov como el “Zurchei de la poesía rusa”. Sin saber qué significaba “Zurchei”, el crítico puso un signo de interrogación y dos signos de admiración al lado del término. [26]

Pero el crítico escuchó mal y se precipitó: Burliuk no llamó a Khlebnikov un “Zurchei”, sino un “Zurkhachi”, que no es una palabra sin sentido ni tampoco una palabra más allá del sentido. El término Zurkhachi describe un rango de la comunidad budista de Kalmukia, zona en las costas del mar Caspio. [27] Un Zurkhachi es un astrólogo, un matemático que calcula el tiempo. Khlebnikov pasó los seis primeros años de su infancia entre los calmucos, ya que su padre era el guardián de distrito y la familia vivía entre las tiendas nómadas de los calmucos. [28]

Lo importante de esta circunstancia para él se ejemplifica en una breve nota biográfica escrita en 1914: “Nací el 29 de octubre de 1885, en un campo conocido por los nómadas mongoles, quienes dirigen sus rezos a Buda, con el nombre de ‘cuartel general del Khan’. Se halla en las estepas de la zona más desecada del Mar Caspio.” [29] Los calmucos eran –y siguen siendo– una comunidad viva que en realidad desciende de los mongoles. Al igual que los budistas de Mongolia, tienen fuertes lazos culturales con el Tíbet y su tradición budista dominante, la escuela Gelugpa, también conocida como la orden “de los Gorros Amarillos”, cuyo líder es el Dalai Lama. A principios del siglo XX, Kalmukia contaba con más de cien templos budistas en funcionamiento y tiendas de rezo (kibitka [30] ), noventa y ocho de los cuales se hallan en la provincia de Astrakán.


Fig 1. Bosquejos de los detalles religiosos de Kalmyk I.A. Zhiteskii. De la "Tabla Zurkauchi's" ubicada en la esquina izquierda supeior.



La sangha (comunidad) calmuca era relativamente estable, y su clerecía, cuyo crecimiento era constante, supervisaba el cada vez mayor número de jóvenes estudiantes, además de ofrecer asistencia de la salud. [31] La experiencia temprana pero inmediata de Khlebnikov con la cultura calmuca se profundizó al conocer la obra etnográfica de Irodion A. Zhitetsky, amigo de su padre. El etnógrafo escribió dos importantes tratados, Astrakhan Kalmyks (Observations and Notes), publicado en 1892, y Sketches of the Daily Life of Astrakhan’s Kalmyks, publicado en 1893. [32] Se sabe que el padre de Khlebnikov ayudó a Zhitetsky en la recolección del material para estos dos libros, y también que ambos estaban en la biblioteca familiar de los Khlebnikov. [33] (Figura 1: Dibujos de I. A. Zhitetskii de objetos religiosos calmucos. La tabla de Zurkhachi aparece en el ángulo superior izquierdo.) La exposición de Khlebnikov al budismo, sin embargo, no terminó allí. En 1908, cuando se mudó a San Petersburgo, donde se convertiría en poeta, se inscribió en el famoso Departamento de Lenguas Extranjeras de la Universidad de San Petersburgo para estudiar sánscrito. [34] Sus más importantes académicos, entre ellos Sergei F. Ol’denburg y Fyodor I. Shcherbatsky, estaban muy involucrados en hacer crecer el perfil del budismo tibetano en la capital. Sus esfuerzos culminaron en 1915: el primer templo budista (datsan) abrió sus puertas en San Petersburgo –fue el primer datsan en toda Europa–, dedicó sus trabajos a Kalachakra, que en sánscrito significa literalmente “rueda del tiempo” o “ciclos del tiempo”. [35] Khlebnikov estaba familiarizado sin duda con Kalachakra, ya que el Kalachakra Tantra se encuentra en el centro mismo de la obra del astrólogo calmuco, el Zurkhachi. ¿Qué es el Kalachakra Tantra? En sánscrito, “Tantra” significa “continuidad” pero, dado que “no existe en inglés el equivalente preciso […], la expresión ‘estilo de vida conforme a las enseñanzas’ es una traducción más apropiada.” [36] El tantra de Kalachakra enseña la existencia de una interdependencia y conexiones profundas entre el macrocosmos y el microcosmos: “El concepto de ciclos de tiempo que perfunden todos los aspectos del universo, incluso nuestro propio cuerpo y nuestra mente, se utiliza para alcanzar una profunda comprensión de la interconexión de todos los aspectos del mundo interno y externo.” [37]

La frase “como es afuera, así es adentro del cuerpo” se usa muy a menudo al hacer referencia a este tantra. Como ya se mencionó, Khlebnikov consideró central la interdependencia del macrocosmos y el microcosmos para entender el tiempo y el universo. No pretendo ofrecer una descripción profunda de los trabajos de los cálculos del Zurkhachi; de hecho, se desconoce hasta qué punto el propio Khlebnikov habría sido capaz de hacerlo.

Sin embargo, a fin de mostrar los paralelismos entre su cosmología y los principios básicos de esta tradición budista, describiré la doble tarea del Zurkhachi dentro de su comunidad. La primera tarea del Zurkhachi consiste en calcular la aparición de los eventos. Zhitetsky, el amigo etnógrafo del padre de Khlebnikov, escribe: “Dado que los calmucos no tienen un calendario fijo, está en manos del Zurkhachi determinar, según su experiencia, las fechas importantes de su comunidad.” La experiencia a la que hace referencia Zhitetsky es la antigua y compleja tradición budista tibetana de elaboración de calendarios, derivada del Kalachakra Tantra tibetano.


Kalachakra y su consorte Vinshvamata Thangka. Cortesia de "Snow Lion Press Nueva York"




La segunda tarea del Zurkhachi es el cumplimiento de un rol más práctico para la comunidad, ofreciendo predicciones y proyectando las fechas afortunadas para eventos importantes en la vida de las personas. Estas predicciones se calculan también conforme a un complejo sistema matemático, que toma en cuenta no sólo la fecha de nacimiento de la persona, sino también otras variables, como la fecha de su matrimonio o la del fallecimiento de sus padres. [38] Aquí tenemos un ejemplo de Las tablas del destino que ilustra las similitudes con la obra de un Zurkhachi. Es un intento por calcular las regularidades temporales en la vida amorosa de un tal Brovko. Khlebnikov conoció a Brovko en su viaje de 1921 a Irán, y el siguiente cálculo lo realizó probablemente en el barco que los llevó de Baku a Enzeli. [39]

 

<ileg.> Brovko <ileg.>
Nacido el 2 de octubre de 1893 después de 8391 días. Después de 213 + 132, se enamoró profundamente.
Se comprometió.
Lo que significa que: aB + Baan + na
El compromiso con la mujer amada
Eso ocurrió el 20 de mayo de 1916.
El 16 de julio de 1920 discutió con ella.
Lo que significa que 37-29-2 o 36+35+34+54 = 1678 [días] después del 20 de mayo de 1916.
El 25 de diciembre de 1920, un nuevo encuentro, 1053.10-365-48 [días]
Después de su nacimiento = 10069 Y 1515 = 1053+48+365 después del primer encuentro
El momento decisivo en su vida llegó el 24 de septiembre de 1911, 38 = 65561 [días]
Después de su nacimiento, las cosas se pusieron difíciles.
O el amor comienza después de 2n+n2 [días], donde n=13
La discusión con el primer amor ocurrió el 16 de julio de 1920 2·34=34+34 [días] antes del compromiso con la segunda mujer amada X=K+(213+132)+(1053+48+365)(n-1) n=1 primer amor, n=2 conocer a la segunda mujer.

 

 

 

Reduciendo el número de días entre los momentos más definitorios en la vida amorosa de Brovko a fórmulas tales como an + na, lleva a Khlebnikov a la ecuación más compleja X=K+(213+132)+(1053+48+365)(n-1), que puede aplicarse no sólo al destino de Brovko sino también a la vida de otras personas.

Además, Zhitetsky escribe acerca del astrólogo calmuco: “Todo Zurkhachi tiene, como parte indispensable del equipo de su profesión, no sólo manuscritos, sino también una tabla de cálculos […]. La tabla del Zurkhachi está hecha de madera dura […]. Antes de comenzar a escribir, todo Zurkhachi hace un rezo simbólico –coloca y limpia varios signos especiales según las distintas instrucciones de la tabla.” [40] Aunque los signos especiales colocados en las cuatro direcciones se repiten en el esquema del Kalachakra Mandala, y vuelven a surgir en las Tablas del destino de Khlebnikov, la clave más notable en esta descripción es que el Zurkhachi trabajaba con “tablas” (Doski). Fue éste precisamente el término que Khlebnikov escogió para su trabajo cosmológico, Las tablas del destino (Doski Sud’by). [41]

Podemos, pues, decir con seguridad que las tablas astrológicas calmucas le sirvieron a Khlebnikov como modelo estructural para su cosmología. Pensó en sí mismo como en el Zurkhachi de Rusia, cuya tarea era calcular los destinos de todos los eventos que se desarrollan con el tiempo, no sólo para individuos como Brovko, sino más adelante para el destino del planeta entero. Es importante mencionar que la profunda influencia que tuvo la filosofía budista sobre Khlebnikov fue más allá de Kalmukia hasta su origen espiritual, el Tíbet. Por ejemplo, un principio fundamental del budismo tibetano es la reencarnación de todos los seres sensibles después de la muerte en la rueda de la vida hasta que obtienen la liberación del Samsara y alcanzan el Nirvana.

Algunas de estas reencarnaciones pueden rastrearse. Los más importantes maestros del budismo tibetano, sus lamas, se reconocen como reencarnaciones de lamas importantes del pasado. El más famoso de ellos, el Dalai Lama, se considera no sólo una reencarnación de un Dalai Lama anterior, sino también una encarnación del Bodhisattva de la compasión, Avalokiteśvara. Para Khlebnikov, el principio de la reencarnación es parte sustancial de su teoría. En ensayos tales como La rueda de los nacimientos (Koleso rozhdenii), [42] de 1919, analiza la idea de los nacimientos recurrentes de personajes históricos. En Las tablas del destino, donde este concepto aparece con el nombre “transmigración de las almas” (pereselenie dush), Khlebnikov calcula las regularidades entre las fechas de estos nacimientos.

Las “reencarnaciones” que analiza incluyen no sólo a célebres sabios y maestros, sino también a personajes significativos “con destino similar” (ravnorokovye liudi), tales como filósofos, matemáticos y aquellos a quienes Khlebnikov denomina “las velas de la humanidad”: (Shakyamuni) Buda, Mentszy, Jesús, Savonarola, Karl Marx y Walt Whitman. [43] Hay muchos otros marcadores en la obra de Khlebnikov que ponen en evidencia su conocimiento del budismo tibetano en general y del Kalachakra Tantra en particular y la influencia que de ambos recibió. Por ejemplo, en los cálculos arriba mencionados para las “velas de la humanidad”, hace referencia específica al buda de la tradición mongólica (Muddha mongolskogo predania), que es, en efecto, la Gelugpa tibetana. El fundador de la Gelugpa, el monje sabio Tsongkhapa, que fue quien contribuyó a llevar el Kalachakra al Tíbet, aparece repetidas veces en las fórmulas de Khlebnikov. [44] Khlebnikov le dedicó incluso poemas a este asunto, de los cuales presentamos enseguida dos ejemplos, escritos en 1921: [45]

I will come to you, to Tibet… There I will find a little house – The roof will be covered by sky, The walls are enclosed by wind, Grass looks in by the ceiling, On the floor are green flowers. There I will calm my bones.  

Llegaré a ti, al Tíbet… Encontraré allí una pequeña casa – el techo cubierto por el firmamento, las paredes encerradas por el viento, el césped se ve desde el cielo, flores verdes se hallan sobre el suelo. Allí daré tranquilidad a mis huesos.


 

Khlebnikov proyecta al Tíbet las cualidades del refugio de paz, un lugar de descanso y tranquilidad, entre el caos y el sufrimiento que representan las horrendas condiciones del hambre y de la Guerra Civil, lo que claramente ilustra el siguiente poema: [46]

 

Food!
Digging with [wild]
Paws [of song],
I [angrily] gnaw on the Sahara
[Sipping] from the black glass
Of nightly sky!
     

To the sands of the Sahara
And to you, Tibet,
Go my thoughts.
Snowy feathers
Shrouded the sky.
The earth is a chalice
Of favorite wine I hold it at my black lips.
 


¡Comida! ¡Cavando con las [salvajes]
patas [del canto],
irritado, roo el Sahara
[Bebo a sorbos] del negro hielo del nocturno cielo!

A las arenas del Sahara y a ti, Tíbet, van mis pensamientos. Nevadas plumas envolvían el cielo.
La tierra es un cáliz del vino favorito.
Lo sostengo en mis labios negros.

 

.

La revolución rusa y el caos posterior inspiran la desesperación de este último poema, pero también traza la preocupación de Khlebnikov por una respuesta global por  el sufrimiento de la humanidad. El Tíbet, según parece, es un lugar que ostenta un equilibrio extratemporal, mientras que el individuo intenta aceptar su lucha en el resto de los puntos del planeta.

Hacia un futuro global

Las concepciones intelectuales modernas sobre el tiempo, al igual que muchos otros conceptos, están dominadas por las tradiciones culturales de Occidente. Los escritos de H. G. Wells atestiguan una tradición firmemente anclada en su herencia intelectual europea. Las visiones de Wells, tanto las de ciencia ficción como las de no ficción, descienden de la unión de las visiones grecorromana y judeocristiana del mundo.

A fin de cuentas, la ciencia ficción de Wells es eurocéntrica y nunca llega a una verdadera globalidad, con todos los intentos que hace por trasponer dilemas diversos hacia una fase extraterrestre. Al final, Wells siempre lidiaba con asuntos pertenecientes a su propio ambiente cultural.

Una situación similar de aislamiento conceptual puede atribuirse al budismo tibetano a principios del siglo XX. Las fronteras del Tíbet estaban cerradas a los extranjeros: el contacto no sólo se desalienta sino que se evita rigurosamente, en un intento por proteger el estilo de vida budista tibetano de toda influencia extranjera. Esto cambió sólo hasta que el liderazgo Gelugpa fue obligado a exiliarse después de la invasión china de 1951 y de que los doscientos años de aislamiento de la tradición vieron su fin por la fuerza. [47]

En su cosmología, Khlebnikov nunca permitió la separación entre el pensamiento occidental y el oriental; con audacia fue más allá de los límites originalmente establecidos por la intolerancia religiosa y la santurronería intelectual. Debido a su exposición inicial a las culturas no europeas, o a las visiones transnacionales de la Tercera Internacional, o quizá debido a ambas, entendió que si se confinan ideas verdaderamente universales como el tiempo a cualquiera de estos dos reinos culturales, se perderá finalmente el objetivo de buscar una respuesta para todos los seres humanos.

Esto no es en absoluto un intento de panegírico. Las tendencias en particular de Khlebnikov a favor de lo eslavo plantean un serio obstáculo para la aplicabilidad última de sus ideas. Pero, independientemente de lo imperfectas que puedan ser sus teorías, finalmente el impulso que se halla detrás de su visión es global es lo que le da importancia.

Wells es uno de los principales representantes del linaje de pensamiento científico y del espíritu socialista cuya preocupación por la supervivencia de la sociedad se basa en una visión ideológica que persigue el bienestar de la humanidad. Como ya se mencionó al inicio, la meta última del budismo es similar, aunque con la extensión significativa de una liberación para todos los seres sensibles. Las rutas de estos dos grandes sistemas, sin embargo, son muy distintas.

El primero se fundamenta en amplios cambios externos, mientras que el segundo toma una ruta personal, interna. Khlebnikov escribe sobre todo acerca del primero, si bien el sistema en el que basa Las tablas del destino está modelado sobre el segundo. La síntesis ocurre en la visión que tiene Khlebnikov acerca del futuro del mundo. A nivel externo, habrá una revolución mundial, y los ideales ideológicos del comunismo prevalecerán. Sin embargo, la salvación no incluye únicamente a los seres humanos; ya en 1904 escribe: “Dejémoslos que escriban sobre mi lápida: Luchó contra la idea de especie y se liberó de su atadura. No vio distinción alguna entre la especie humana y las especies animales.” [48] En otras palabras, la visión de Khlebnikov acerca de la liberación última incluyó a todos los seres sensibles.

Sin embargo, la visión de Khlebnikov retiene su independencia. El intento por controlar las regularidades temporales y atrapar así “el tiempo en una ratonera” no tiene sus bases en las prácticas teocráticas de la Gelugpa, altamente codificadas, aisladas y misteriosas. Tampoco se centra en el hombre, como se centran las visiones lineales de Wells. Por el contrario, la búsqueda de Khlebnikov puede verse como un intento por negociar el sitio de la humanidad en el universo sin enfocarse demasiado en subcategorías de la identidad. Al igual que Wells y al igual que todo budista, Khlebnikov sabía que, como el resto del universo, el desarrollo y el destino del hombre están sujetos, primero y ante todo, a la impermanencia.



[1] Jeff Leser, ed., The Russo-Japanese War Research Society [La Sociedad de Investigaciones sobre la guerra ruso-japonesa] (2002). http://www.russojapanesewar.com/tsushima.html (N. del T.- Aún no publicado en español.)

[2] Velimir Khlebnikov, Collected Works of Velimir Khlebnikov. Volume 1. Letters and Theoretical Writings [Obras completas de Velimir Khlebnikov. Volumen 1. Cartas y escritos teóricos] (Cambridge, MA, 1987), pp. 148, 171. (N. del T.- Aún no publicadas en español.)

[3] Para un análisis de los escritos de Khlebnikov en 1919 y su epifanía, véase Andrea Hacker, To Pushkin, freedom, and revolution in Asia: Velimir Khlebnikov in Baku. Russian Review, 65(2006): 439-470.

[4] Para una edición del texto ruso, véase Vasilii Babkov, Velimir Khlebnikov. Doski sud’by (Moscú, 2000). En la traducción al inglés se cuenta sólo con el primero de siete fragmentos; véase Khlebnikov, Collected Works, pp. 417-434. Aún no publicadas en español. (N. del T.)

[5] Profesor y estudiante, aún no publicado en español. (N. del T.)

[6] Ieremija I. Ioffe, Sinteticheskaia istoriia iskusstv (Leningrado, 1933), pp. 438-439. La traducción es del autor.

[7] El llamado lenguaje transmental o lenguaje trans-racional. (N. del T.)

[8] Neologismo que podría traducirse como “más allá del sentido” (de beyond y sense), pero que habitualmente se denomina zaum. (N. del T.)

[9] De hecho, algunos de los pasajes más poéticos de The Tables of Fate pueden encontrarse entre las fórmulas de Khlebnikov. Véase A. Hacker, Mathematical Poetics in Velimir Khlebnikov’s Doski sud’by. Vestnik Velimira Khlebnikova 3 (2002): 127-132. (N.T.- Las que podrían llamarse Las tablas del destino aún no se han publicado en español.)

[10] Otro fenómeno importante de la época fue, por supuesto, el aumento en el número de las visiones milenarias; véase Ulrich Linse, Barfüßige Propheten. Erlöser der Zwanziger Jahre [Profetas descalzos: Redentores del siglo veinte] (Berlín, 1983) (N. del T.- Aún no publicado en español.)

[11] Roger Cockrell, Future perfect: H. G. Wells and Bolshevik Russia 1917-1932 [Futuro perfecto: H. G. Wells y la Rusia bolchevique 1917-1932]. En: The Reception of H. G. Wells in Europe [La recepción de H. G. Wells en Europa], ed. Patrick Parrinder y John S. Partington (Londres, 2005), p. 74.

[12] Wells estaba fascinado por Rusia, y visitó ese país en 1914 justo antes de que estallara la Primera Guerra Mundial. Viajó a Rusia dos veces más, en 1920 para una visita cuidadosamente publicitada que inició el propio Lenin, y en 1934, a sugerencia hecha por Lenin en 1922 para que “regresara a Rusia en diez años y viera la diferencia.” Después de esta última visita, Wells regresó a Inglaterra muy desencantado; véase Maria Kozyreva y Vera Shamina, Russia revisited [Rusia revisitada], en: The Reception of H. G. Wells in Europe [La recepción de H. G. Wells en Europa], pp. 48-62. Los libros de Wells, su viaje y sus excelentes y muy conocidas conexiones con la élite revolucionaria, científica y literaria inspiraron a muchos escritores locales. Su influencia es evidente en la mayor parte de las treinta y tantas extrañas novelas de ciencia ficción escritas por los rusos antes de la Primera Guerra Mundial. Para un análisis de estas novelas, véase Richard Stites, Revolutionary Dreams [Sueños revolucionarios] (Nueva York, 1989).

[13] W. Warren Wagar, Traversing Time (Middletown, 2004).

[14] Un amigo en Occidente (aún no publicado en español) (N. del T.)

[15] Khlebnikov, Collected Works, pp. 243-245.

[16] Wagar, Traversing Time, pp. 54-58.

[17] La trompeta de los marcianos (N. del T.- Aún no publicado en español.)

[18] Khlebnikov, Collected Works, pp. 321-323.

[19] Khlebnikov, Collected Works, p. 409.

[20] Anticipaciones de la reacción del avance mecánico y científico sobre la vida y el pensamiento humanos (N. del T.- Aún no publicada en español.)

[21] Herbert G. Wells, Anticipations of the Reaction of the Mechanical and Scientific Progress upon Human Life and Thought (Mineola, 1999), p. 147.

[22] Wagar, Traversing Time, p. 18. Anticipations, como señala Wagar, fue “un formidable inicio, pero sólo un inicio”. Wells desarrolló luego esta idea de la revolución global y la visión de un orden mundial planeado y administrado científicamente en muchos otros de sus escritos. A Modern Utopia [Una utopía moderna] y An Englishman Looks at the World [Un inglés observa el mundo; aún no publicada en español] son algunas de las primeras.

[23] Sólo hasta 1921 Khlebnikov rinde homenaje al principio de evolución, cuando escribe en su cuaderno: “Los poemas deben escribirse conforme a las teorías de Darwin.” Khlebnikov, Collected Works, p. 404.

[24] La radio del futuro (N. del T.- Aún no publicado en español.)

[25] Khlebnikov and Pushkin (N. del T.- Aún no publicada en español.)

[26] “Виктор Хлебников – […] зурчей (?!!) русской поэзии”. Russkoe slovo 12.11 (1913): 7.

[27] La única república de Europa donde el budismo es la religión dominante. (N. del T.)

[28] Véase Raymond Cooke, Velimir Khlebnikov. A Critical Study [Velimir Khlebnikov. Un estudio crítico] (Cambridge, 1987), p. 4. Respecto al lugar preciso de nacimiento de Khlebnikov y a las obligaciones de su padre como guardián (popechitel’) en los ulus calmucos, véase Alexandr Parnis, Konetsarstvo, ved’ ottuda ia, etc. Teegin Gerl, 67 (1976): 135-151.

[29] V. Khlebnikov, Neizdannoe Proizvedenie (Moscú, 1940), p. 352. La traducción es del autor.

[30] Conocidas en español con el nombre de yurtas. (N. del T.)

[31] Para una descripción acerca del destino del budismo durante los turbulentos años aquí descritos, véase John Snelling, Buddhism in Russia [Budismo en Rusia] (Longmead, 1993). Para un estudio ruso reciente sobre la historia del budismo en Rusia, que también explora la génesis de los estudios budistas en el país, véase E. S. Safronova, Buddizm v Rossii (Moscú, 1998).

[32] “Observaciones y notas”, aún no publicado en español (N. del T.). Irodion A. Zhitetsky, Astrakhanskie Kalmyki (Nabliudenia i zametki) (Astrakán, 1892); I. A. Zhitetsky, Ocherki byta Astrakhanskikh Kalmykov (Moscú, 1893).

[33] Parnis, Konetsarstvo, ved’ ottuda ia, pp. 146-147.

[34] Petr I. Tartakovsky, Sotsial’no-esteticheskii opyt narodov vostoka i poeziia V. Khlebnikova (Taskent, 1987), p. 33.

[35] Snelling, Buddhism, pp. 157-162.

[36] Barry Bryant, The Wheel of Time Sand Mandala: Visual Scripture of Tibetan Buddhism [La rueda del tiempo: el mandala de arena: Escritura visual del budismo tibetano] Francisco, 1992), p. 11.

[37] Buddhist Basics and Kalachakra Animated [Descripción animada de los fundamentos del budismo y del Kalachakra] (Graz, 2002).

[38] Zhitetsky, Ocherki, pp. 7-8.

[39] RGALI (Russian State Archive for Literature and the Arts), Moscú, fondo 527, ed. Khr. 82, ob. 1.25. La traducción es del autor.

[40] Zhitetsky, Ocherki, p. 63. La traducción es del autor.

[41] Véase Bryant, Sand Mandala [Mandala de arena], pp. 205-206; sobre el calendario tibetano, véanse pp. 233-243.

[42] Wheel of Births, aún no publicado en español. (N. del T.)

[43] RGALI, fondo 527, op. 1, ed. Khr. 74.1.38.

[44] Geshe Lhundub Sopa, The Wheel of Time. The Kalachakra in Context [La rueda del tiempo. El Kalachakra en contexto]. (Ithaca, 1985), pp. 76-78.

[45] V. Khlebnikov, Sobranie Sochinenii, ed. R V. Duganov, vol. 2 (Moscú, 2001), p. 274.

[46] Khlebnikov, Sobranie Sochinenii, p. 275.

[47] Desde entonces, el budismo tibetano se ha estado adaptando rápidamente a los rigores de un contexto cambiante. La flexibilidad de la doctrina budista y los infatigables esfuerzos del Dalai Lama para dialogar, en particular con los científicos de Occidente, han generado una multitud de fructíferas colaboraciones. Un ejemplo reciente puede encontrarse en B. Alan Wallace, ed., Buddhism and Science: Breaking New Ground [El budismo y la ciencia: La ruptura de nuevos fundamentos] (Columbia, 2003). Obviamente, estas colaboraciones no están ligadas todas específicamente a las tradiciones del budismo tibetano, ni tampoco han sido producto exclusivo de los esfuerzos del Dalai Lama.

[48] Khlebnikov, Collected Works, p. 196.


* Estudios de Historia Cultural, agradece la amable autorización a la editorial Verlag der Buchhandlung Walter König, Köln, para la publicación de "El tiempo khlebnikoviano: Entre H. G. Wells y Kalachakra" Andrea Hacker (Dublín)

En De Variantology 2: On Deep Time Relations of Arts, Sciences and Technologies. Ed. Siegfried Zielinski y David Link, con Eckhard Fuerlus y Nadine Minkwitz. Traducción del original en alemán de Gloria Custance. 2006. pp. 281-298).

Traducción al español de Gustavo Sandoval Kingwerg






Andrea Hacker: Investigadora y Académica de la "Trinity College Dublin". coordina la Catedra: "Thomas Brown de Estudios Rusos y Eslávicos" en esa institución.
Estudió literatura, lengüistica e idiomas en la Universidad de Konstanz, Alemania. la Universidad de Estado de Moscú, y en la Universidad de California. En Los Ángeles recibió el Doctorado en el 2002. Sus investigaciones se han concentrado en resolver las "elusivas fronteras" entre la cultura occidental y oriental. En la actualidad escribe una monografía sobre el Futurismo ruso y occidente.




 
Inicio | Índice | Librero | | Comentarios | Libros | E-Libros | Eventos | Cursos | Voces |
Directorio