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ENSAYO
     

 

 

Danton

Robert Darnton

 

 

Este ensayo forma parte de la colección de ensayos "The Kiss of Lamourette". Cultural History Reflections con una reedición en la antología cinematográfica "The Past Imperfect".Editada por Mark C. Carnes.
Robert Darnton nació en los Estados Unidos en 1939. Inició su carrera como reportero policial de The Newark Star Ledger y de The New York Times, diario en el que su hermano John trabajaba a la sazón como periodista. A esa época pertenecen sus primeros artículos sobre la historia del libro y la ideología de la Revolución Francesa. De esos años datan también las dos pasiones que lo acompañarán en el futuro: la historia cultural de ile-trados y pobres, y su amor de toda la vida por la Francia del siglo XVIII
.


En  aquel  Septiembre de 1983,  cuando muchos franceses regresaban de sus vacaciones y  se enfrentaban a una devaluación del franco,  y   una escalada en la carrera armamentista y otros problemas más, Francois Mitterand convocó a sus ministros para dar un discurso  en tono afligido, no  por los sucesos que se estaban dando en ese momento, sino  por la forma en que una película estaba representando un hecho histórico de gran importancia; aquella  historia, que los niños franceses aprenden en la escuela. 
 

Según los analistas, la intensión  del Presidente, era hasta cierto punto, distraer  la  atención de la opinión pública  y  así ocultar sus preocupaciones.
Que sus electores confundieran sucesos o personajes del pasado, era parte  de su agenda política en ese momento.
Que sería de sus conciudadanos  si no  pudieran distinguir  entre Luis XIII y Luis XIV  entre la Segunda y la  Tercera República o (y al parecer esto es lo que realmente le molestaba)  entre Robespierre y Danton.

Mitterrand  no mencionó  la controversia que despertó   la versión cinematográfica  de Andrzej  Wajda sobre 
Danton, pero si la tenía en su mente.

Cinta que ya 
había desaprobado  cuando la vio en una exhibición privada antes de que se presentara al público en enero de 1983. Su indignación aumentó  por el apoyo que le dieron a la cinta,  sus aliados políticos, los socialistas y comunistas  cuando fue exhibida en la Asamblea Nacional.

Así mientras que la oposición conservadora festejaba los desacuerdos entre el Presidente y  sus aliados,  la ala izquierda  y los  intelectuales se anotaban puntos a su favor en la prensa nacional, imponiendo su posición en la opinión pública.  

Incluso, en otros países, tal discusión política creo entre el público espectador de la película  cierta confusión. Sabemos que el pueblo francés se toma muy en serio su historia y más aún si se trata de alterar su Revolución.

La pregunta es, por qué al Presidente le disgustó la relación de encono presentada en la película  entre Danton y Robespierre de tal forma  que pone a este último personaje,  en las simpatías del público espectador. ¿Acaso Danton no podría intentar  detener el estado de terror y presagiar lo  que sucedería,  a la manera en que lo hizo la resistencia al terror estalinista.  ¿No es acaso Wajda un héroe de “Solidaridad”? ¿No debería contar el director polaco  con la  simpatía de la izquierda  francesa, los campeones  del socialismo con rostro humano a través de la representación  que hizo de Danton? Nos parece apropiado  subrayar estas preguntas, porque nos llevan al “extraño” mundo del simbolismo de la izquierda europea contemporánea; un mundo en donde los  intelectuales se envuelven en los mitos que ellos mismos han creado.  


La película Danton inicia con algunas escenas  en las calles parisinas durante  los últimos meses de 1783, Danton llega para detener el Estado de Terror que el mismo había propiciado,  después del derrocamiento de la monarquía en Agosto de 1782.   Es obligado a comprometerse, -al calor de la lucha revolucionaria-, con los moderados (o indulgentes) en contra de los de línea dura que se aglutinan  alrededor de Robespierre en el Comité de Salvación Pública.

El cinta dramatiza la incapacidad de Danton en detener las ejecuciones en la guillotina; las cuales terminan con  la suya  propia el  5 de abril de 1794.

Wajda sintetiza la historia a una simple formula – es el sistema, apparatchnik, el que esta en contra del hombre del pueblo- y genera la evidencia incriminatoria contra Danton.
La fuerza actoral de George Depardieu hace de Danton una figura dominante y a la vez atractiva, que se  acentúe, lo que él representa, la  imagen de una burguesía decadente; imagen que se enfatiza cuando Danton se encuentra con Robespierre en una cena con la intención de buscar “desactivar” el régimen de Terror  que imperaba en ese momento; la cena  termina  en una borrachera sin la posibilidad de que se tomen las medidas  necesarias para ponerle fin  a  la crisis  que imperó de Marzo a Abril de 1794; una paradoja histórica que de alguna manera  sugieren  el fracaso de occidente para rescatar a Solidaridad en 1981.

Aunque la película es demasiado ambigua para que le proporcione al espectador  una moral y una lectura  precisa   sobre el presente, el problema será que no se tienen los instrumentos necesarios para comparar y saber con precisión  cuanto peso le otorgó Wajda  a la figura  central de  Danton en el   argumento original en polaco con la  adaptación cinematográfica que  Stanislawa Prybyszewska y Jean Claude Carrière utilizaron  para la cinta.

No obstante, uno puede vislumbrar los momentos en que la película se desvía del registro histórico. Dos de ellos seguramente se destacan y de inmediato se  percibe que están dirigidos a un público espectador polaco por su contenido simbólico.  

De inmediato  que Robespierre  ordena a la policía secreta  la  destrucción  en forma violenta  del taller  en donde Camille Desmoulins imprime el  periódico  Le Vieux Cordolier   -diario que impulsaba las propuestas políticas de Danton-; acontecimiento que por cierto la cámara  proyecta  con detalle, le recuerda al espectador escenas similares que sucedieron en Polonia durante la década de los 80's.  
 

Lo que si es claro, es  que Wajda. con su gran ingenio cinematográfico crea sus escenas de tal forma que no le remitan al espectador polaco un paralelismo directo con sus problemas locales, sino en un soplo entreverado .      

No así en el  tercer episodio en donde sí observamos una asociación más directa al  estalinismo. Robespierre se ve envuelto en la túnica  Caesar, -una referencia directa al culto a la personalidad- de la famosa pose de la pintura neo clasicista  de Jacques-Louis  David en los momentos que regaña al  fiscal por su incapacidad en manipular el juicio a Danton.

Entonces, llega la noticia de que David recién terminaba  su  lienzo  de grandes proporciones “Tennis Court Oath 
Al calor de las discusiones, Robespierre espía la pintura todavía fresca  de David  observando el rostro de Fabre d’ Eglantine; en ese momento, aparece Danton frente de si: “brinca de la carroza antes de que sea tarde”  le ordena, y al igual que el personaje de la pintura de David,  Danton  se rehúsa, Fabre será, al igual que Danton, una víctima más de la historiografía estalinista. Escena que nunca sucedió durante los hechos históricos, porque  Fabre no   participó en la Corte de Tennis ya que no fue elegido como  delegado  de los “Estates General” en  1789. Wajda parece  haber intentando en su escenificación tergiversar  la historia del propio  estalinismo  que él mismo estaba falsificando.



Aunque la cinta le permite a Robespierre por unos instantes complacerse con el triunfo en la tribuna, el uso de las cámaras deslucen el efecto de sus palabras.
En su discurso  frente a los diputados les impone  la línea del terror con cierta ironía y a la ves con un porte de  convencimiento. Para reforzar el tono irónico las cámaras hacen varios close ups  a sus  “zapatos de charol”

Eleva la fuerza  de su discurso utilizando pasos en puntillas como  si fuera un gran bailarín   y el campeón del pueblo en   contraste, Danton parece un león  enjaulado que va a viene con intervenciones espontáneas que por su desatino más bien parecen rugidos.

Los puntos que se anota Robespierre en el debate acabarían más tarde guillotinándolo. Poco después de ese debate, la hoja metálica de la guillotina caería  sobre la nuca de Danton. Así la  sangre caerá  sobre el heno del andamio; sangre que salpicará el rostro del verdugo  al cercenarse la cabeza de Danton; las cámaras utilizando  tomas sobre expuestas,  dejan en el  espectador una sensación de náusea repulsión. 

En otra toma,  Robespierre  aparece sudoroso, sus  gestos 
 parecen los de un enfermo mental  postrado en una cama, en tanto que un joven muchacho contempla la escena, recitando   la Declaración de los Derechos del Hombre y los Ciudadanos,  su voz se  funde con una música disonante como fondo,  así termina la película.

En Francia todo estuvo  dispuesto para que la cinta Danton  fuera una golpe. Wajda fue idealizado; Solidaridad capturó el “corazón”  del público y el recién electo gobierno socialista estuvo interesado en presentar la película como la antesala para los Festejos del Bicentenario de la Revolución Francesa en 1989.

Aún así, la cinta Danton creo un escándalo, sobre todo entre la  izquierda,  al cambiar la interpretación clásica de  Revolución. Los comunistas la criticaron “Es una película contrarrevolucionaria” escribió L’Humanite. Para los socialistas, la película desfigura lo más “hermoso (en la  Revolución)” . Phillipe Boucher  declaró a Le Monde  y Pierre Joxe lo confirmó;  “La Historia de Wajda, no es nuestra Historia”. Ambos estudiosos de la historia.

La Revolución Francesa estableció las categorías fundamentales  de la política francesa  comenzando por una clara distinción entre  la izquierda y la derecha; la cual deriva  del orden de las sillas en la Asamblea Nacional. Doscientos años después  ello puede cambiar si se manipulan esas  categorías. Como Robespierre  quien intentó hablar  en el nombre de la soberanía del pueblo  y así  flanquear a sus enemigos de izquierda.

La bancada de Izquierda en la Asamblea Nacional se vio vulnerada cuando la cinta Danton fue exhibida en enero de 1983. El gobierno se vio obligado a tomar decisiones, en materia de política económica de carácter conservador cercanas a las posiciones de Margaret Thacher, muy distantes de las propuestas que hizo   Mitterrand   durante  su campaña electoral;  así en esa etapa de su gobierno se “distanció  del  dantonismo”  en tanto que los comunistas se apartaron de sus aliados, como lo hiciera Robespierre pero a la inversa,  cuando se alejó de los moderados aliándose con la derecha radical (sanculottes).  

Los socialistas necesitaban probar su “pureza ideológica”  y se lanzaron a toda prisa a defender su visión ortodoxa de la Revolución Francesa cayendo  en la  “trampa” herética que plantea la película. Cada punto que se anotaban contra Wajda  contaba con  una victoria  sobre la oposición  demostrando su fidelidad a la verdadera tradición revolucionaria.

Wajda hizo parecer al terror como un elemento “implícito ” eliminando toda referencia directa en el contexto de la historia: la guerra civil en el Vendée, las revueltas  en las provincias, las intrigas contrarrevolucionarias en París, y las invasiones en las fronteras.

Wajda ignoró  la campaña de Robespierre  entre la ala izquierda extremista, liderada por Jacques René Herbert, con lo cual se fracturó la oposición de izquierda en el Comité de Salvación Pública, debilitando las posiciones moderadas, lo cual representó  un ataque directo a  los dantonistas.   Robespierre aseguraba la lealtad de los sanculottes previniendo  que esa fuerza política  quedara desplazada. Por otra parte, la gente común casi no aparece en la cinta.

La película de Wajda padece un grave defecto: en los momentos más álgidos de la Revolución Francesa,  la rebelión de las  masas no se puede reducir  a un  duelo parlamentario entre en grupo de  oradores burgueses.



La cinta rompe con la idealización ortodoxa de los personajes. El  Sant Just de Wajda  lleva unos aretes a la manera de los modernos hippies;  Billaud Verneue   aparece sin afeitar;  Desmoulins débil y sin carácter y Dantón un borracho. Estos destalles ofendieron a la crítica,  no por su inexactitud  sino porque hacen de los líderes de la Revolución  verse más familiares y menos heroicos como  aparecen en los libros de historia.

La actuación de Wojciech Pazoniak’s  en el papel de Robespierre es demasiado  gélida, neurótica,  e inhumana, pero sobre todo aparece  muy  ofensivo. Históricamente fue la piedra de toque de la ortodoxia  y la  representación  misma de la Revolución. Robespierre fue  el modelo del intelectual moderno francés,  el personificó  ese compromiso. Un teórico que paso a la acción, colocándose  al margen  de las líneas partidistas  y  sabiendo proyectar  sus  estrategias.

Al  calor de los debates sobre la película de Danton, los políticos manipularon dos ideas. Apelaron a la vieja manera de narrar la historia, pero a la vez cayeron en el antojo de aceptar una versión más avant garde de la historia, la  que sus hijos y sus nietos asimilaran mejor. El Ministro de Cultura francés entendió el mensaje y le otorgó  a Wajda el crédito de –ser un héroe de la izquierda y un antiestalinista puro-. Tres millones de francos costó celebrar su Revolución,  (la de Wajda)  la cual a los ojos de muchos críticos el mismo había denigrado. ¡Vaya que interpretación! Los socialistas sólo podían   mover sus cabezas  en torno a  la herejía  de Wajda y sin darse cuenta,  su indignación demostró lo prisioneros que están de propia mitología.



 




 
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